EGO

Eres una de esas personas con mucho ego, o más bien eres todo EGO; cuando te conocí no lo vi al principio y eso que suelo ser buena con la primera impresión, ese tufo del ego suele ser muy desagradable por el egoísmo que desprende, no vi lo destructiva que eres porque lo escondes bajo una montaña de gente que te rodea y en ese momento creí que era una familia y amigos, pero con el tiempo pude analizar lo que son.

Son personas que se ven obligados a verte por lazos de sangre, por el qué dirán, por dinero, por trabajos que haces, por costumbres, pero no por amor o cariño.

Sólo te dedicas a juzgar a los demás. A cada uno de los que pasan por tu casa y tu vida los criticas, da igual quiénes sean, marido, hijos, hijas, vecinos, padres… no lo puedo creer ni entender.

Una buena persona no haría eso.

Para aumentar tu ego necesitas tener y dar buena imagen ante la sociedad, una sociedad que te dedicas a insultar constantemente, vas a un templo a orar en nombre de unos preceptos que te saltas nada más salir, criticando a todo el que cruza la puerta del mismo por delante de tu nariz, bien sea por su vida, bien sea por su cuerpo, bien sea por su ropa… qué triste no haberme dado cuenta de esto antes, cómo me has engañado.

Pero todo engaño contaré que tiene una fecha de caducidad y si vieras qué sonrisa reina en mi cara sabrías que tú fecha ha expirado hace ya un tiempo.

Careces de humildad, pretendes siempre ponerte por encima de los demás a costa de todo y de todos sin importarte a quien pises.

Como buena egocéntrica necesitas constantes halagos de quienes te rodean y siempre estás con eso de “yo soy esto, yo aquello, yo”.

Cómo me gustaría recordarte que el ego impide que puedas sentir desde el corazón y la sencillez de tus emociones pero sinceramente no me importa nada ni me corresponde enseñar a quien no quiere aprender, te crees en posesión de la razón, no puedo responder por quien cuando se le está ayudando en un plano de la vida no tiene valor para decir un simple gracias o defender a quien le ayuda cuando es defenestrado, pero sí puedo dar por concluido lo que no quiero tener corrompiendo mis creencias.

Y más aún, lejos si de un agradecimiento luchas contra lo que hago para mejorar lo que estabas destrozando con maldad una lucha contra una espiral de vicio inculcada desde siempre.

Tu egocentrismo no tiene límites y lo achaco a tu ignorancia que es también ilimitada.

Por más que dices sentirte agraviada por no sé qué que hice y te diré que no puedes juzgar nada sobre mí porque no te tomaste ningún tiempo para conocerme.

De gente como tú hay una única cosa para elegir: distancia.

Adiós.


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©Victoria De la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay