AndroidPIT-BEST-SMARTPHONES-2017-2717

EL GLOTÓN DE MI MÓVIL

PRIMERO UN POCO DE HISTORIA PARA QUE ENTIENDAS DE QUÉ ESTOY HABLANDO

Desde que llegó a mi vida mi móvil ha cambiado muchísimo.

Bueno y mi vida también ha cambiado, si yo te contara…

Estamos todos de acuerdo en que no es el mismo móvil, no te vayas a reír pensando que tengo el mismo «ladrillaco» que en mil novecientos noventa y tantos, aunque fijo que alguno o alguna aún lo tiene y le dura la batería un mes y no una mañana como a mí.

Antes un móvil era algo desconocido ahora es un elemento de moda, ahora es lo más “IN”. Ten en cuenta que te hablo de los años 80 y era un producto que se veía raramente, tan raro era verlo que se veía solamente en las películas y casi siempre en los coches de los detectives que podían aquellos años conducir y hablar por el teléfono que estaba a la altura del freno de mano y que no era otra cosa que una parte del que todos teníamos en casa, el auricular. Creo recordar que eran películas en blanco y negro, sepia todo lo más…

Después el futuro llegó a España y lo pudimos ver, el futuro, digo, pero no era como en las películas, era un ladrillo, la verdad, ¿para qué te voy a mentir?

El primero que vi lo llevaba mi amigo Carlos (y no hagas la rima que te veo la sonrisa) que era Guardia Civil y lo llevaba con una maletita (en realidad era una señora maleta) con su cable, rizado, como el que tiene o solía tener el teléfono fijo, el de toda la vida, vaya.

Aquello se oía fatal, o peor incluso.

Cuando ya me había olvidado de Carlos y su maletón, pues lo de maletita era pura retórica guasona, apareció en nuestro mundo el súper Nokia acompañado de Ericsson que se comieron todo el cotarro, que entonces no existía el concepto de “el mercado”.

Resultado de imagen de ericsson
Resultado de imagen de ericsson 6110

Un teléfono era algo que todos teníamos en casa. Simplemente. El teléfono fijo no era un artículo de lujo, era algo que tenías, que era necesario, que nadie usaba de forma abusiva.

Te llamaban los amigos, y si no estabas pues esperaban a que llegaras, volvían a llamar dejando el recado a tu madre, tu padre, tu hermana, tu tía o quien fuera que estuviera en casa y te daban el mensaje y pista, no había ansiedades, no había urgencias, no pasaba nada porque alguien no respondiera ipso facto. (en el momento). Y si había una urgencia no te preocupes tú que ya había forma de localizarte.

Ahora ya no es así, ni de lejos, si no respondes una llamada en una hora parece que el mundo se va a descolgar de su órbita, por lo menos, o más… ¿cierto? Tú no te rías que seguro que te ha pasado y sino dale tiempo que en breve te pasará tres veces, con tu pareja, con tu jefe y con tu familia, tu secretaria y el cura de tu congregación, ya vas a ver, ¡ya!; y sino al tiempo.

Sigo con la historia que me desvío, y lo sé.

Aquel móvil ni se bloqueaba ni nada, no tenía eso de función de bloqueo, tenía unas teclas que ríete tú de las orugas del TOA del Ejército Español, aquellas sí que eran de marcar, y una pantalla que era verde de fondo y negros los números, como no se bloqueaba te pasaban mil aventuras, así que cuando llamabas a la mujer de tu padre y ésta no le salía del moño, por no decirlo con “C”, cogerte el móvil y metía el móvil en su bolso, éste se chocaba contra cualquier cosa (ponte en situación, navega sin pudor en el bolso de una mujer como si fueras el susodicho móvil de marras y chócate con el pintalabios, la polvera de aquella marca tan en boga por aquellos años, la agendona, el monedero repleto de tarjetas y fotos de los niños, los padres, los sobrinos, y cualquier otra cosa que la señora quisiera llevar, que en aquellos años eran muy dadas a llevar laca, un juego de hombreras, y mil accesorios que hoy no concebiríamos) y marcaba el último número que le había llamado porque se quedaba reflejado en el display (la pantalla, no me mires raro), de tal forma que oías su conversación y cómo te ponía verde.

Luego estaba la empresa de telefonía, porque era una, era única, que nos daba servicio en lo que a telefonía se refiere en este país, pero no todo es eterno, y en algún momento dejó de ser un monopolio, pero mientras se embolsó un montón de pasta gansa con las tarjetas prepago ya que tu saldo se iba en llamadas no deseadas que hacías al meter el móvil en bolsos y bolsillos, por esto que te digo de que no se bloqueaban los móviles.

Detrás del Nokia y del Ericsson llegó el maravilloso Motorola Startac, con su avanzadísimo e innovador diseño y es que era plegable, te cabía en la palma de la mano y mejor aún fue aquel anuncio de la chica que corría por la playa emulando a una película, sí, ya lo sé, para esto no sólo hay que haber vivido en los noventa, sino que hay que tener una edad y haber visto la «peli», y es que mi cara puede mentir sobre mis años, pero mi experiencia no. ¡Dígotelo yo!

Motorola StarTAC

Desde ahí saltamos a Alcatel. Siempre bajo mi vivencia siempre, ojo, no quiere decir que esto sea exacto, ni correcto, pero yo lo viví así. O aun peor, lo recuerdo así.

Y ya la lucha fue encarnizada entre esas cuatro marcas, de las cuales no quedan ninguna hoy en día, curiosamente… Y si están presentes en el mercado no se comen prácticamente nada del mercado de ventas de la telefonía, en lo que a venta de dispositivos se refiere porque el mercado ha cambiado tanto… tantísimo…

En aquellos años si salías de la gran ciudad dónde todo era más fácil para estos menesteres, podías apagar aquel fantástico cacharro porque no te servía de nada salvo de pisapapeles.

El monopolio de la compañía de telefonía también fue derrocado y nuevas compañías que fueron surgiendo como champiñones y se disputaban al cliente, otro concepto a aprender, quédatelo, como auténticos buitres, pero con caras de ositos amorosos.

Para lograr que los clientes fueran de una empresa a otra le ofrecían terminales, los móviles, por planes de puntos que significaban tu consumo, incentivando su consumo en resumidas cuentas y le obligaban a estar con ellos por tarificaciones abusivas que en otros países no conocían. Bueno, que en realidad nunca conocieron.

Poco a poco fueron surgiendo más marcas de terminales, entonces las llamábamos así, que fueron añadiendo detalles sin los cuales hoy no concebiríamos nuestros teléfonos.

Ahí voy con el verdadero meollo de este escrito, que no sé si es un artículo o un mal escrito… eso te lo dejo juzgar a ti.

AHORA SÍ, VOY A CONTARTE TODO LO QUE MI MÓVIL SE HA IDO COMIENDO, EL MUY GLOTÓN.

Agenda. Antes todos llevábamos una agenda, más grande o más pequeña, en la que apuntábamos las cosas, cosas tipo cita con Don Eufrasio el cura que te daba las clases de preparación al matrimonio, porque un cura sabe mucho de estar casado, ¡claro que sí!

También apuntabas las citas médicas con la Dra. Eleonor, el dentista, y todo lo que tenías que recordar.

  • Ni hablar de fichar el paro, el médico, y mil citas más… ya es cotidiano apuntarlas en el móvil y programarlo para que te avise el día antes, un par de  horas antes y una hora antes para que prepares documentación, o lo que sea que tengas que organizar.

Listín telefónico. Claro le añadieron al móvil  un listín telefónico para que no tuvieras que mirar en tu agenda los números ni memorizar los de la familia, amigos, y demás gente que te rodeaban. En parte está muy bien, porque tienes los números de «tóquisqui», pero por otro lado nos ha hecho auténticos idiotas, mismamente hay quien no se sabe el número de su casa al haber tenido que mudarse por trabajo tres veces en tres años.

¿A fin de cuentas de iba esto? ¡De llamar! Un teléfono que no se sabe los números teléfonos de los demás iba a ser poco práctico, ¿No te parece? Pues a gastar se ha dicho.

Calendario. Nunca más ibas a tener que recordar el cumpleaños de la tía «Asun» y la tía Eusebia, las dos solteronas del pueblo que todos los años te llaman por tu cumpleaños, los santos, de tu mujer o el de tu marido y los tres críos. Por la navidad, y el aniversario y todos los eventos y efemérides familiares… así, sin ser cansinas, pero no corresponder resulta un compromiso cada vez que llaman y te pones colorado como el carmín de tu madre pensando que algo se te ha olvidado.

No lo confundas con la agenda, esto es otra cosa, no es asunto mío si no le sacas rendimiento a tu dispositivo sea cual sea tu sistema operativo.

La función del calendario es recordarte cosas todos los años, todos los meses, todos los días, cada lunes, cada quince días. Además puedes ponerlo con alarma, con luz, con invitados, con correo electrónico, casi con flores y música ¡coño!

Según el sistema operativo se llamará de una forma u otra, porque ahí está la gracia de venderse de las empresas, que con el paso del tiempo han sido engullidas por grandes corporaciones de comunicación.

Cámara fotográfica. Por fin se puede uno ir de vacaciones y no regresar a los cincuenta kilómetros porque tu señora se ha dejado la cámara de fotos en el mueble de la entrada posado y como ha llamado su madre allí que se ha quedado, posada cuan mariposa… Y como sobra gasolina se hacen cien kilómetros, (suma cincuenta de ida y cincuenta de vuelta hasta regresar al punto en el que ella se puso histérica pensando en que no era posible tener unas vacaciones y no tener fotos, con lo guapos que están los niños este año) ¡pues no!, bendito sea el que puso cámara al móvil una y mil veces. El móvil además ha ido evolucionando hasta tener una cámara frontal para que nos pudiéramos hacer fotos en nuestra versión más narcisista.

Como todo lo degeneramos hemos terminado usando la cámara del móvil para auto hacernos fotos que han terminado por llamarse “selfies”, palabro que como otros han pasado a formar parte de nuestra vida y hasta han llegado a cambiar nuestro Real Diccionario de la Lengua.

Cámara de vídeo. Relee lo de la cámara de fotos y aplícalo aquí de nuevo. Porque si a todos nos gusta ver fotos recordando los viejos tiempos y a nuestros seres amados más nos gusta ver vídeos y recordar cuando éramos jóvenes y presuntamente bellos, delgados, altos y con pelo, deportistas, así… por ejemplo. Sin exagerar.

Despertador. Antes todo el mundo tenía un despertador, más o menos a la moda (y es que me viene a la memoria un despertador en concreto con forma de pelota de fútbol que se podía arrojar y creo que quien más y quien menos tuvo en casa) , en la mesilla, ahora ya no. Ahora todo el mundo pone a cargar el móvil en la mesilla y programa la alarma para la hora que le venga bien, y la programa  encima para que se repita cada cinco minutos y no existe la excusa esa de me quedé dormido señorita, profe, jefe…»

Bloc de notas. Quien más quien menos solíamos llevar algún bloc de notas en la mochila o en el bolso, o al final de la agenda para anotar  distintas cosas, un ejercicio que nos mandaba un profesor, ese teléfono de casa que nos daba algún amigo, la dirección de algún sitio, un evento, una exposición, y mil cosas más, ahora con el bendito móvil hasta metemos la lista de la compra en las Notas del móvil y tan panchos, además los desarrolladores de aplicaciones viendo la necesidad se han apuntado el golazo y han hecho notas que podemos compartir para esto y para otras muchas cosas más y podemos interactuar varios usuarios desde un sitio llamado “LA NUBE”, a eso vamos luego, que es algo denso, como intentar disolver un cacao en leche fría, vaya.

Linterna. Retomamos el tema de la fotografía porque tras unos años se vio la necesidad de que la cámara tuviera flash, y a alguien se le ocurrió la brillante idea de que el flash estuviera siempre encendido a modo de linterna, porque podemos necesitar alumbrar la zona baja del coche en algún momento, en algún sendero, buscando caracoles… vaya algo que hacemos muy comúnmente. Pero que de verdad la linterna es útil.

Calculadora. En algún momento si has pasado por el instituto o la universidad recordaras que te pedían que llevaras una calculadora y a veces hasta científica, ¡el sumún de las calculadoras!

Pues esa es otra cosa que también se la ha comido mi móvil, ahora todos los móviles tienen una calculadora incorporada, incluso puede ser científica.

Libro. Al principio fue un bombazo la salida a la venta de los libros electrónicos, pero tal como les ha pasado a las cámaras de fotos y las de vídeo se han convertido en otro dispositivo más a llevar en el bolso o la mochila y terminamos tirando del móvil para leer en cualquiera de los formatos que cada sistema operativo nos permita. El caso es leer sea dónde sea, en el bus, en el metro, en la sala de espera del médico.

La música. El walkman, que luego pasó a ser el discman, que luego pasó a ser el MP3 y que se transformó en el IPod o en el dispositivo que cada uno haya elegido para reproducir música, según el gusto.

Sony, Wm, Fx421, Walkman
Resultado de imagen de reproductor cd
Mp3-Player, Mp3, Usb, Player, Music, Red
Ipod, Music, Mp3, Player, Songs, Headphones, Equipment
Y una vez más el móvil se ha comido a todos estos dispositivos, y ya son ¿Eh? para pasar a ocupar su lugar y hacer las veces de reproductor musical.

Tarjeta de crédito. Quizá para muchos de vosotros esto sea aun un poco futurista pero esto ya está aquí y porque ya se puede pagar con el móvil en cualquier establecimiento que tenga el servicio dado de alta.

Incluso se puede cobrar con tu número de teléfono distintos productos que quieras poner a la venta en publicaciones de cosas de segundo uso o productos de fabricación artesana.

Con el tiempo nuestros bancos verán lo efectivo que es que el propio móvil o mejor dicho la compañía y nuestro número les gestione en la factura el cobro y el pago de nuestras compras desapareciendo la tarjeta de crédito física y pasando estas compañías a ser absorbidas por bancos como ya ha pasado por otro tipo de compañías como las aseguradoras que están en esta situación.

Es más, actualmente ya hay entidades bancarias que nos ofrecen este tipo de servicio de pago con nuestro teléfono, por mencionar uno se llama ApplePay.

CONCLUSIÓN

Al final uso mi antes conocido como terminal y que después pasó a ser móvil ahora es conocido como el dispositivo se usa para casi todo, menos para hablar. Y lo que te rondaré morena, porque cada vez más las compañías de telefonía nos van a ir ofreciendo un uso de datos mayor y menor de minutos porque iremos hablando más mediante aplicaciones tipo «WhatsApp» o «Skype» y menos vía telefónica.

Y como colofón resulta que el puñetero cacharro, hoy ya imprescindible en nuestras vidas, se ha comido en menos de tres décadas todo eso, y sobre todo se ha comido mi privacidad, (porque cuando hago una foto me dice dónde estoy y si quiero añadir una foto a las calificaciones del lugar que ya han hecho otros usuarios, pero ¡resulta que estoy en una montaña perdida en medio de la cornisa Cantábrica oye!), y como este ejemplo de la foto tenemos miles, no hace falta una foto para que veas que tu móvil se ha también se ha comido mi tiempo libre (porque cuando tengo un rato allí que me zambullo, y tú no te rías que haces exactamente lo mismo), a mis amigos y a los tuyos (que os he visto quedar a cenar y sois ocho en la mesa hablando pero no soltáis el móvil), el móvil se ha comido las conversaciones en los bares… las vacaciones porque hay gente que muere, ya mirando las cosas de forma extremista, por un maldito selfie. Y no me río, no, es un asunto serio.

El dispositivo se ha comido todas esas cosas que antes iban por separado, ¡todas habitan en él! Y lo mejor… se llevan bien cohabitando.

Si casi casi se ha comido al supermercado y a la tienda del barrio de los chinos porque en las aplicaciones, ¡ay! que no te he dicho lo de las APPS jolines, ahora voy, pues que en un propio giro de la involución de la propia paradoja el móvil se ha comido a China y en varias aplicaciones puedes comprar por precios de risa y a costes ridículos de transporte lo que nunca hubieras soñado y que tampoco te hacía falta para casa y que te va a quedar divino de la vida en tu casa que ya está petadísima de cosas que acumulas en  todos los cajones y estanterías de todos lados y que a la hora de usar nunca recuerdas que los tienes.

Las aplicaciones son lo que antes eran los programas de toda la vida, las llamamos coloquialmente APPS y hacen de todo para facilitarnos la vida, son tan intuitivas que parece que son nosotros mismos. Las encontramos gratuitas y de pago, y entre las de pago están las asequibles, las baratas, las caras y las de suscripción mensual o anual  y las que tendemos a pensar que son un timo.

Encima no son únicamente válidas para un sólo aparato, no, más bien al contrario nos valen para todo tipo de dispositivos, ordenadores, tablets, y por supuesto nuestro móvil.

Y por no dejarme nada, o eso quisiera pensar, en el tintero el tema de LA NUBE que no es otra cosa que alojamiento gratuito o de pago para nuestros archivos, sean estos documentos, fotos o vídeos en servidores de compañías a las que no conocemos de nada pero nos circunscribimos a sus normas fiel y sumisamente por no llevar un pincho, flash driver, o memoria USB porque en algún momento se nos ha roto.

En resumidas cuentas un móvil inteligente es capaz de decirle a quien quiera saber  lo que hacemos, de día, de noche, despiertos, durmiendo, puede regir absolutamente nuestra vida diciéndonos cuándo levantarnos para cumplir un ranking de horas de pie o un número de horas diarias caminando motivándonos positivamente, eso sí.

Y tienen reconocimiento facial, no te metas en líos…

Los dioses y nosotros alabemos a nuestros móviles hasta que la historia nos enseñe que son una encerrona.

 

Y sí, este es el final de lo que yo creo que es un artículo, si crees que es así valóralo y cuéntame qué te ha parecido porque me animará mucho.


Si te ha gustado tienes otras publicaciones para leer en:

Voy pasando páginas

©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

¡NO OLVIDES COMPARTIR EN TUS REDES SOCIALES SI TE HA GUSTADO!

Fuente de las imágenes Pixabay e Internet