HÁBITOS

Somos los hábitos que tenemos y es que nos han enseñado a tener como hábitos cosas sencillas, como por ejemplo a  lavarnos los dientes antes de irnos a dormir o tres veces al día o cosas complejas como odiar porque sí a determinadas personas por esta o aquella razón que nadie puede llegar a comprender.

Cosas sencillas que están supuestamente bien como lavarnos las manos antes de sentarnos a la mesa a comer, y cosas que según en qué lugares del mundo se ven mal como eructar pero que según en qué partes del mundo si no las haces querrán decir que la comida no era de tu agrado.

De las cosas complejas es mejor no hablar porque es mejor no meterse en según qué huertos para no salir, si se sale, con el barro por las rodillas.

Somos los hábitos que tenemos y ya lo decía el refrán, el hábito hace al monje, incluso aunque no lo lleve te diría yo. Bueno… el hábito hace al monje, ¡casi siempre!

Hábitos no tan sencillos como hacer deporte todos los días porque implica tener tesón, tener constancia, tener fuerza de voluntad; hábitos que requieren madurez como traer un hijo al mundo y enseñarle los mismos hábitos de constancia y educación que nos enseñaron a nosotros. Incluso en algunos casos requiere aún más porque nos demandan los hijos más de lo que nosotros fuimos enseñados, por desgracia.

Quizás por eso muchos de nosotros o muchos de vosotros decidís no traer hijos al mundo y muchos de nosotros o de vosotros fracasa o fracasamos con nuestros hijos hacemos de ellos pequeños tiranos niños que son incapaces de implicarse con lo que hacen, sea estudiar, tener amigos, tener una mascota y ser consecuentes con su educación y alimentación, se desentienden de las cosas, pequeños hábitos.

Hábitos cotidianos como seguir adelante con una dieta o dejar de fumar se nos hacen cuesta arriba porque tenemos metido en el tuétano de los huesos los que nuestros mayores nos han inculcado a base de años y miedo, costumbrismo y tesón de la más profunda ignorancia, que la había y gracias a ellos estamos hoy aquí, no hay que quitarles su mérito, pero más allá del hábito que se nos ha imprimido hemos de saber reconocer que el mundo cambia, evoluciona, crecemos y la constante es siempre una: RENOVARSE O MORIR.

Yo no sé tú, pero yo me veo aún joven para morir y quiero vivir, así que iré cambiando todos y cada uno de aquellos hábitos que me fueron enseñados por gente maravillosa, no lo dudo, pero que hoy están “de modé”, en desuso, hábitos que ya no se pueden aplicar porque las cosas cambian como lo ha hecho el mundo, las leyes, la gente, las personas, tú y yo…

Y si tengo que cambiar mi forma de comer pues cambiaré y me comeré el mundo y si tengo que correr por mi salud correré alrededor del mundo para que Willy Fog crea que puedo batir sus ochenta días, porque puedo renovarme antes de morirme y hacerlo con una sonrisa que le diga a la parca que fui feliz con todo lo que me llevo porque son experiencias que no me puede robar con su capa, que no me quiero llevar riquezas, ni casas, ni coches, ni billetes en un banco, prefiero paisajes, risas, personas, atardeceres y amaneceres coleccionados en mis retinas, orgasmos compartidos, canciones aprendidas y cantadas a pleno pulmón con alguien que entendía lo que significaban para mí y lo había vivido también, eso sí es riqueza y no lo material, eso será lo que vera la parca cuando enfrentemos ella y yo nuestros ojos en la afrenta final, verá que yo he sabido reconducir todos los hábitos de los que se me pudiera tachar en un principio sin dejar de disfrutar de la vida.


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©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay