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UNA PUERTA CERRADA SIEMPRE INVITA A LLAMAR

¿Cuántas veces te ha pasado que estando en un servicio público te han intentado abrir la puerta?

Pues no es indicativa en sí misma la puerta de estar ocupado el servicio que aún el ser humano del otro lado parece querer derrumbarla y, cuando respondes al empujón que estás dentro y que está ocupado, una voz que parece de ultratumba y muy molesta, por cierto, te responde:

⁃ Bueno, vale no es para ponerse así ¡oiga!

Y tú así como estés piensas: “ ¡Hombre no! Si es que yo en los servicios públicos cierro la puerta porque no estoy como en mi casa, ¡coño!

Traspasemos eso de las puertas cerradas del servicio público al corazón.

¿Cuántas veces te has mostrado con tu corazoncito cerrado a cal y canto y alguien te ha avasallado aporreando la puerta porque quería entrar a toda costa?

Soy de las que piensa que una puerta cerrada siempre, inexorablemente, invita a llamar, y quién esté dentro de la puerta según cómo se encuentre ya decidirá si se puede pasar o no.

Quizás no era la persona adecuada.

Quizás sí lo era, pero era un mal momento.

Quizás la última experiencia te dejó tan mal que la puerta no se pueda abrir en una temporada.

Quizá es una cuestión de forma.

Quizás la paciencia y las maneras nos lleven a que lo que antes era una puerta cerrada con siete llaves con un poco de tiempo se transforme en una puerta entre abierta que pase finalmente a ser una puerta abierta de par en par que nos de paso a un paraíso.

Aunque nunca hemos de olvidar que todo tiene que tener su debido cuidado.


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©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay