MATAR AL AMOR

Cuando quise ver si podía matar tu amor por mí.

Maté mi amor por ti.

Y al mismo tiempo murió dentro de mí todo el amor que podría haber en mi alma.

Toda acción tiene su reacción y tiene su precio, el mío será vagar con éste dolor mientras viva mi alma.

Siempre me quedará la pena de pensar que si me hubieras conocido de verdad no habrías podido creer ninguna de esas palabras porque no iba a renunciar al estado que tanto me había costado alcanzar por aquellas que te leíste y que pretendía  para pillarte en tus mentiras. Y te pillé, desgraciadamente, te pillé.

Y sin embargo estoy agradecida por la paz que significa para mí no tener que mirar hacia atrás constantemente en cada esquina  y para mi agotada cabeza porque así es como me tenías. Agotada física, psicológica y emocionalmente.

Cansada de mentiras y engaños, escrutinios y acosos.

Cansada de todo.

Cansada de que cada bocado que yo probara se tornara en vomito por la persecución.

Cansada de noches sin dormir, de noches llorando, de noches esperando que fuera la última noche respirando por que una de tus amenazas funestamente se llegara a cumplir.

Cansada de agobios, de acusaciones infundadas, de gritos que se oían en el mismísimo núcleo de la Tierra, de celos de cualquiera con  quien yo pudiera hablar, fuera cual fuera su género, del control al que me tenías sometida en todas las formas que tu enrevesada mente pudiera idear.

Aburrida de días de carreras por la ciudad escapando de ti y tus vigilancias.

Asustada por vivir en un mundo donde mandabas tú que eras el dueño y señor de las personas con quienes podía hablar y de mis horas, de lo que podía hacer y lo que no.

Pero sobre todo asustada de que fueras mi dueño, mi señor.

Asustada de tener que justificarte todo, mi tiempo, mi dinero, mis amistades, mis familiares, mis llamadas,

Eso no se puede llamar vida.

Eso se llama maltrato.


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©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora