EL LIENZO PERFECTO

Quisiera saber de qué sirvió quererte del modo que te quise, de qué me sirvió poner toda mi confianza en ti, responde, para qué sirvió intentar reconstruir tantos sueños si de antemano tú ya sabías que los ibas a desguazar.

¿Cómo pude ser tan tonta?

Me pregunto constantemente cómo pude creer en tus necias palabras confiando en tus estúpidas promesas y aquellos planes que eran castillos en el aire hechos a medida de una mente infantil.

El mundo entero podía ver la incompatibilidad que nos rodeaba, pero algo en ti me hacía perder la razón, aunque en el fondo siempre supe que tú no eras para mí, pero la soñadora mujer que soy me decía que me negara a creer la evidencia que todos veían y que era tan obvia como el cuadro que pintabas.

Pintabas marcas moradas en un lienzo perfecto que era mi piel hasta que un día me harté de amarte mientras tú te reías a mi costa y huí.

Te gustaba jugar conmigo, pero por experiencia te diré que no siempre que juegas se gana y en el momento que te vi jugar con más piezas de un tablero de damas tú me perdiste, de nada te sirvió esa sonrisa de pretendido cautivador ni ninguna pose de seductor, ni tus estudiadas miradas de galán de medio pelo.

Es cierto que he sido una ingenua, he sido crédula, he sido la tonta que lo daba todo por ti hasta que te he visto a la luz de la realidad, sin tus engaños, sin tus mentiras banales.

Si me das un tiempo podré recuperarme de ti, del daño que me has causado, ahora yo no quiero saber de ti, no me interesa cómo te va en un futuro, ni cómo te trata en la vida porque ya te llegará el momento en el que ella misma, la vida, te haga entender que no hay karma que no se pague y tú pagarás, te tocará perder y perderás el triple de lo que me hiciste, estoy convencida.

Que te encontrarás con alguien a quien ames sobre todas las cosas y será quien más te haga sufrir y yo no tengo el más mínimo interés en verlo o saber del piñazo que te vas a llevar, porque no me interesas ya.

¿Qué irónico, verdad?

Ahora vuelvo a ser un lienzo perfecto, pero esta vez no soy para un pintor mediocre que me llene de morados, ocres y verdes, ahora soy yo la que retoma las riendas de mi vida y sé perfectamente dónde quiero ir y cómo.

Porque dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, y tú me hiciste muy, muy fuerte.


Si te ha gustado tienes otras publicaciones para leer en:

Voy pasando páginas

©Victoria de la Fuente
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia los
hechos  aquí relatados y los personajes son invención de la
autora.
¡NO OLVIDES COMPARTIR EN TUS REDES SOCIALES SI TE HA GUSTADO!