A YAIZA NO LE ENCONTRARON SU EGO

José Manuel y José Manuel se conocen de toda la vida, de un barrio de una pequeña ciudad que tiene unos 20.000 habitantes, ambos son buenos estudiantes y de buenas familias, las cuales les pagan carreras universitarias, se van viendo por el barrio y en las fiestas y, comparten ciertas aficiones.

Uno era informático y el otro abogado, no eran unos chicos al uso, no, eran niños ricos y jóvenes que se habían aburrido de sus ricas vidas, de ganar hasta nueve mil euros al mes y ya no tener en qué gastarlos. Ambos dos estaban muy orgullosos, por no decir que engreídos, por haberse mudado de su pequeña ciudad a la capital de su provincia y miraban al resto de gente como si fueran simples mortales.

En lo más álgido de sus carreras profesionales viajaron ambos al extranjero y conocieron mundo, haciéndose más ágiles, más listos, más rápidos con muchas cosas que te da viajar y conocer gente de distintos lugares.

Estaban aburridos de que sus vidas fueran ir tras el límite de todo, de salir a beber hasta que no les entrara más un martes y que no pasara nada por llegar mamados al trabajo porque una raya les despejaba el pedo, cada uno en su trabajo, en su ámbito.

A medida ellos se quedaban anclados en un mundo atrasado en creencias y formas de hacer, consumo de drogas y alquiler de mujeres como si pañuelos de papel se tratara el mundo sí iba evolucionando.

La crisis tiró por tierra castillos que a nadie le parecieron durante muchos años atrás de papel y, sin embargo, resultaron serlo, de papel de fumar o más finos aún, de humo.

Cuando la crisis nos golpeaba a todos a ellos los atizó también, pero les dejó en una situación peor que a los demás, mientras que una persona normal tenía gastos, gastos que llamaremos normales, hipoteca, coche, hijos, colegio, agua, luz, gas, teléfono y lo que podamos concebir como normal, José Manuel y José Manuel se vieron con lo que los demás llamamos pellas.

Pero no pellas por una vida normal, no, por consumo de drogas y prostitutas y sus particulares formas de vida, la de cada uno a su estilo, les llevó a que se descubriera su adicción, sus muchas tarjetas de crédito y sus respectivas familias, siendo gente de bien, no los dejaron solos a ninguno de los dos y los ingresaron en el mismo centro de rehabilitación de drogas de esos que tantos proliferaron en los tiempos de los de la jeringuilla, el sida y los años de bonanza que vinieron después, allí se hicieron buenos amigos.

Tenían mucho más en común de lo que ya de chavales intuían.

Saliendo un par de años después del centro de rehabilitación se instalan juntos en una pequeña localidad que viene a ser la mitad que aquella de la que proceden, no es tan grande, está bien situada, sus familias han dado el visto bueno creyéndoles a salvo del mundo de las drogas, ¡pobres incautos!

¡Qué ignorantes somos en general los padres con nuestros hijos!

Allí aparece recién divorciada Yaiza, con sus dos niños, inocente como una flor y la conocen por medio de una vecina de ella.

Yaiza cree que son dos buenos amigos que va haciendo con el paso de los meses, no se da cuenta de que cada vez que se acercan a ella es porque han hecho una apuesta y le están tomando el pelo.

La invitan a salir a bailar, a tomar unas cervezas. La llaman a las tantas de la mañana cuando están borrachos porque nunca han dejado los hábitos de años anteriores, únicamente han bajado el ritmo para que las familias dejaran de ser pesadas y sobre todo entrometidas.

El que es informático ha montado una pequeña tienda en el bajo de su casa, ilegal, claro y el abogado pasa allí mismo consulta, más ilegal aún, y de sus trapicheos viven, de esos y de los otros, no hace falta mucho para hallar la suma.

Y uno de ellos quiere convencer a Yaiza para montar un dúo para cantar por las fiestas de los pueblos en el verano, intentando tirar de su ego y su vanidad, lo que no saben es que ambas cosas son algo que el divorcio se ha llevado por delante hundiendo a Yaiza dejándola más tocada y hundida de lo que deja que nadie vea, porque no quiere parecer una víctima de un tipo que la estafó unos años sin que ella se diera cuenta y una cuenta sin que ella se percatara para largarse con todo dejándola sin nada salvo lo puesto y dos niños. ¡Ah! Y deudas. Como a todos en la crisis.

Esa era la cola que arrastraba ella. Como un cometa que tiene detrás de sí una estela.

Pero Yaiza era una enamorada del amor, romántica por naturaleza y creía que eran dos amigos que estaban colados por ella que se respetaban y esperaban que ella se decidiera dando ella el primer paso.

Una noche siendo la última noche de las fiestas de aquella ciudad Yaiza pidió permiso para subirse al escenario y pidió una canción y con el pulso acelerado y las manos temblorosas agarró el micro y sin mirar a otro punto que no fuera el infinito dijo:

  • Quiero dedicar esta canción a los dos mejores amigos que se puede tener porque habéis sido un pilar importante desde que llegué aquí. Gracias José Manuel y José Manuel.

Cuando bajó del escenario los dos estaban muy serios, insistieron en llevarla al sitio donde hacían “ñapas”, accedió pese a que era muy desconfiada más bien cauta y le pareció que podría ser una encerrona, ella sola, con dos hombres, no le gustaba la idea. Pero fue. Fue porque confiaba en sus amigos, y para ella la amistad era sagrada.

Cuando llegaron uno de ellos sacó una bolsa que parecía un hatillo, tal como ella se imaginaba que sería el del Lazarillo de Tormes, pero más pequeño y se preparó un par de rayas, y otro par para su compañero de andanzas, en cuanto vio la jugada ella quiso irse, pero el más voluminoso se levantó con un movimiento felino que ella no esperaba.

Le explicó que si estaban allí era porque su conciencia ya no le dejaba tratar más con ella, que se estaba haciendo una raya para tener el valor suficiente de decirle lo que tenían que confesarle.

A medida iban hablando ella incrédula iba descubriendo, otra vez, cuán profundo es el pozo de la inmundicia del ser humano y qué lejos estaba ella viviendo en su particular mundo de fantasía de la realidad.

No sólo no había interés por parte de ninguno de aquellos animales en ella, sino que habían apostado cuál de los dos se la podría pasar por la piedra primero, y zalameros ambos habían jugado con sus sentimientos intentando conquistarla a la par para ver quién de los dos era el que conseguía hacerse un trío invitando al otro, sabiéndola indecisa entre ambos.

No sólo desconocía que eran dos adictos a las drogas, y a esa forma de vida, sino que también desconocía que pudieran disfrutar de aquella manera de su inocencia.

En su mente se quedó paralizada, viéndose a sí misma como una mosca en una tela de araña y franqueada por dos tremendas arañas contra las que no tenía posibilidad alguna, tenía que hacer algo…

Se levantó, le cogió un rollo de los que había hecho con el billete el tipo al que ahora sí veía como asqueroso y se enfiló una de las rayas y al levantar la cabeza vio el asombro más genuino en los ojos de aquellos buitres.

  • Si tan sólo me lo hubierais pedido esto habría sido muy divertido, pero a mí con engaños no se me gana, se me pierde, hasta nunca gilipollas al cuadrado.

Ella que jamás había probado las drogas, que no fumaba porque tenía asma, y que tenía unas ganas tremendas de estornudar y llevaba una tribu de watusis aporreándole el corazón salió tan dignamente como pudo de aquel lugar para no ver nunca más a aquel par de crápulas que cuando la veían bajaban la mirada porque la conciencia aún les atenazaba en algún lugar, recóndito, profundo, pero en alguno de sus personas.

BLACK EYED PEAS – I gotta felling


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©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay