VOLVER ATRÁS

Hoy llovía cuando fui a salir y me he puesto las botas de agua y me ha hecho especial ilusión saltar en un charco también he movido mi paraguas que tiene los colores del arco iris en círculos y un señor con el que me he cruzado me ha mirado con cara extraña, pero no me ha importado, habrá pensado que para colmo le he sonreído y no ha tenido más remedio que sonreír de vuelta. Le habré desarmado, seguro, con tanta simpatía, como los niños, que con su ingenuidad y esa simpatía nos dejan desarmados y perplejos, ¿recuerdas? ¿te suena?

He saludado a una señora que no conocía.  Curiosamente me ha saludado con una sonrisa que decía «gracias hija porque no había hablado con nadie hoy y me siento tan triste que me duele el alma«. Tenía una voz tierna y cándida que invitaba a seguir charlando, pero tengo uno de esos días en los que apetece seguir caminando sin rumbo y hacer cosas nuevas, nada especial.

Le he  tirado un beso a una niña diciéndole lo guapa que iba con su diadema de orejas, es que de verdad iba muy guapa se parece un poquito Ariadna Grande y me ha hecho mucha gracia que una niña tan pequeña quisiera imitar a una artista así que simplemente le he dicho lo guapa que iba.  Su madre, desconfiada, me ha preguntado que si la conocía de algo, y sincera le he dicho que no, que sencillamente me ha deslumbrado la belleza de su niña y lo guapa que la llevaba, un poco loca sí debo parecer, pero al final ha ganado mi cara de buena a su temor y han dado las gracias mientras se despedían con sonrisas agitando las manos tirando besos.

Al volver a casa ya lo tenía todo hecho y en lugar de hacer lo de siempre como tenía el «modo niña» activado he cogido todas mis cajas de pinturas y un cuaderno y he pintado en un papel un dibujo así solo porque me apetecía. 

Quizás, y sólo quizás es posible que después de ver tanta maldad como he vivido personalmente y visto en cada noticiero sea posible encontrarse con nuestros niños interiores y que ellos se conecten unos con otros sean cuales sean nuestras edades y que recordemos aquel puntito de inocencia, de credulidad, de querer porque sí, de decir las cosas según nos salían sin temor a nada y sin represión fuera de estúpidas normas impuestas por nuestros padres.

Quizás, y sólo quizás sea posible que yo mantenga mi niña interior viva a pesar de todo, a pesar de todos.

Quizás, y sólo quizás sea posible que tú mantengas tu niño interior vivo a pesar de todo, a pesar de todos.

Quizás a pesar de las facturas, el trabajo, las normas, la presión, el jefe, los padres, los plazos, las responsabilidades, los comentarios, la desconfianza, los pagos, las preocupaciones, el miedo, nos atrevamos a no olvidarnos de ese niño interior que desea no ser abandonado.

JOHN MAYER -Say


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©Victoria de la Fuente

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay