DESDE EL FONDO DE MI ALMA

De verdad te vuelvo a decir desde el fondo de mi alma que lamento cada mentira que dije para taparte, para excusar tus exageradas formas de reaccionar que no tenían forma de ser excusadas en nombre del amor porque eran imperdonables.

Lamento las veces que has hecho daño en mi presencia y no me decidí a decir ¡BASTA!

Si hay algo que lamento por encima de todo es haber cambiado mi vida por ti, mi forma de ver ciertas cosas y lo hice únicamente para verlo todo junto a ti.

Yo hubiera sido manta para taparte en invierno, hubiera sido plato para alimentarte cada vez que el hambre atenazara tu estómago, hubiera sido pañuelo cada vez que una lágrima amenazara con traer el pasado a tu melancólico corazón, hubiera hecho de circo para que las penas huyeran de tu vida y tú me mirases como yo te miraba cada día.

Pero eras un simple pedazo de madera, inerte, incapaz de hacer, ser, moverte hacia mi. Eras la mejor representación del cuento de Gepetto, eras su hijo con la nariz con la capacidad para crecer más inimaginable que nadie podría pensar.

No sé qué pasó ni qué demonios pude hacer para que me trataras como un pedazo de carne en lugar de como la mujer que sé que soy.

He tenido más paciencia de la que podría creer que tendría y todo porque te amaba y yo ya no me amaba por todo lo que me había pasado y tú bien sabías y usaste en mi contra.

Ahora soy poco más que un pedazo de hielo, uno grande, lo reconozco, vago por el ancho mar, mi mar, en el que tú me sumergiste y pese a ser grande como iceberg ante la inmensidad del océano parezco muy pequeña. Estoy perdida en tanta agua y aunque muda quisiera gritarle al mundo que de tanto como fuimos hoy solo me queda el descanso de saber que soy libre de ti.

Que tantas veces como te dije no me dejabas avanzar porque te quedabas en el quicio de la puerta, llegó un momento en el que me sentí libre porque yo soy como el mismo campo al que no se le pueden poner puertas, fuiste sólo una vaya y cómo ya dije antes eras madera y el tiempo te hace mella y todo te corroe, ¡qué pena!, cáptame el sarcasmo.

Pero por un tiempo fui páramo en lugar de campo, pero hasta en lugares yermos crecen cosas y yo soy un alma propensa a la fertilidad, pudiste robarte mi tiempo, algo de mi alegría, pero no toda ella, y también pudiste intentar, que no lograr, emular ciertas características que poseo.

Sin embargo, tengo noticias para ti.

El estilo y la clase o se tienen o no, el conocimiento se va adquiriendo con los años, no se implanta una noche, el talento es algo que no se puede suplantar, que no se pueden copiar y que cuando se intenta en algún momento al payaso que lo intenta se le termina por caer la goma que le sujeta la careta y ésta termina por caer también y ése fue tu caso. Y volverás a caer, una y otra vez.

Hay cosas con las que naces o no, tú talento fue mentirme, el mío hacerte creer que me lo creía.

Al final derrumbé tus puertas y no tuviste quicios en los que apoyarte para que no pudiera salir de donde me querías encerrada y sobre todo para que nadie pudiera entrar, pero yo no fui jamás una princesa esperando por un príncipe que me rescatara, sino que con cada acción que fuiste llevando a cabo, con cada decepción, con cada golpe, figurado o real, desde el fondo de mi alma fue luchando por salir una mujer luchadora, una reina, una walkiria, una vikinga que sabe luchar sus batallas.

CHER – If I could turn back time

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©VictoriadelaFuente2018

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay