CON O DE OLGA, CON O DE ORGULLO

La tía Olga supo que mi tío le era infiel y lejos de montarle un escándalo, como habrían hecho la mayoría de las mujeres pasó a la ofensiva.

Mi tío jamás volvió a ver su rostro lavado pues ella se levantaba siempre antes que él para maquillarse y estar bella para él.

Discretamente empezó a cambiar su forma de vestir, dejó de ser una mujer tipo señora y empezó a ser una mujer sexy.

Abandonó las faldas largas para irlas recortando, dejó la bata de casa para ponerse camisas y dejó aquel famoso cruzado mágico adoptando la lencería más sexy que podía encontrarse en aquel momento en las tiendas del barrio.

Modernizó su peinado corto y enroscado que tan mayor le hacía parecer y se lo dejó crecer ganando tiempo al tiempo y haciendo que todo el mundo creyera que era la hermana mayor de mi prima.

Lo cierto fue que empezó haciéndolo por mi tío pero se dio cuenta que se sentía bien viéndose mejor, más guapa, se sentía realizada en su puesto de trabajo cuando los hombres la admiraban.

Mi tía siempre me recordó a la chica Yeyé de la película, siempre iba guapísima vestida, maquillada como una artista, iluminaba cualquier sitio donde entrara… pero mi tío no la veía.

Pero mi tío seguía ensimismado con aquella chica con la que tenía un lío desde hacía un par de años, cuando entró en los únicos grandes almacenes que había por aquel entonces a comprar un perfume por el décimo noveno aniversario que iban a celebrar y con lo que salió fue con una amante.

La monotonía y la rutina le ganaron la partida a mi tía y aquella chica vulgar que se maquillaba como una puerta se llevó a mi tío durante todos los domingos y los sábados bajo el pretexto de que iba a ver el partido de fútbol.

Lo que no sabía mi tío era que tan pronto como él se marchaba con la amante mi abuelo subía a casa de mis tíos a cuidar de mis primos desde mi casa y mi tía también iba a “ver el partido” con un amigo.

Con los años he entendido que a veces compensa más una bronca menos y ganar seguridad en una misma que procesos judiciales largos, escándalos que soportar las miradas y las risas de gente que no sabe en realidad lo que ha pasado, gente como vecinos y familia lejana.

Al final mi tío decidió probar suerte y dejar el tren de su vida por una bicicleta barata, le dijo a mi tía que se iba a su pueblo un verano cuando en realidad lo que hizo fue ponerle un piso a aquella chavala, pero fue tan insensato de hacerlo sobre su negocio y frente a la casa de su propia hermana.

No pasaron ni dos semanas cuando una sobrina le dijo a la tía Olga que “el tito” estaba allí y que entraba y salía todos los días del portal de enfrente.

Sabiendo lo que sabía mi tía solamente tuvo que tomar un café en la cafetería de enfrente una tarde para pillarlo, tenía en el bolso un sobre con los papeles del divorcio.

Por aquel entonces divorciarse no era tan común como lo es ahora, era casi tabú, un estigma para los niños en el colegio.

Mi tío se quedó clavado cuando vio a mi tía levantarse las carísimas gafas mientras sonreía de medio lado habiéndole pillado cuando se creía seguro y a salvo en su mentira engañándola.

Iba a balbucear un “déjame que te lo explique” cuando mi tía dijo un tajante “lo tienes todo explicado aquí”

Habida cuenta de que la casa que le había comprado a «la querida” (qué palabro) había sido adquirida dentro del matrimonio le pertenecía la mitad.

Y como los hijos del matrimonio eran aun muy pequeños la casa conyugal era para ella, en aquellos momentos nuestra querida España era muy religiosa y se contemplaba la figura del adulterio, y mi tío fue condenado por ello, tuvo que pagar durante toda su vida los gastos de la casa conyugal, la hipoteca, los gastos de formación de mis primos al completo porque el juez que le tocó era más papista que el papa.

Así mismo los beneficios del negocio que tenía como el negocio en sí eran al cincuenta por ciento propiedad de mi tía…

Pasaron veinte años.

La que todos conocíamos como «la lagarta» le dio a mi tío un tercer hijo, un niño grosero y consentido que solía envidiar a los que trataban como un hermano.

Tan pronto mi tío se jubiló ella lo traicionó solicitando el divorcio y quedándose con la casa al saber que estaba enfermo del corazón. Aquella casa tuvo que pagársela mi tío a mi tía para poder tenerla en titularidad al 100% en esos veinte años transcurridos… Creo que del corazón lo enfermó ella con tanta maldad que tenía dentro.

Y allí estaba su verdadera esposa para cuidarle.

Lo que había unido aquel dios que no lo separase una dependienta, para la salud y para la enfermedad, pese a los veinte años y un hijo ilegitimo concebido fuera del matrimonio y abalado por un matrimonio que no era otra cosa que un matrimonio laico.

Mi tía Olga sería muy orgullosa, pero antes que eso era muy buena persona y también una mujer de su casa que iba a misa de doce cada domingo rigurosamente.

CHRISTINA AGUILERA – You lost me

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©VictoriadelaFuente2018

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

los  hechos  aquí relatados y los personajes

son invención de la  autora

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Fuente de la imagen Pixabay