SAL AL MUNDO

Recuerda que puedes llorar tus penas, pero no para recrearte en ellas, ese camino no te va a llevar a ningún lugar y menos a uno productivo.

Nadie puede llorar eternamente por algo que le ha pasado, sería meterse en un bucle absurdo, sería como reírse por el mismo chiste indefinidamente, sería estúpido, pero por la pena nos cortamos a la hora de calificarlo y con la risa nos parece patético.

Llorar y seguir adelante es de valientes, pero acomodarte en un figurado salón de la angustia es la acción más cobarde que puedes realizar hacia ti mismo y con tu vida.

Así que ve y sobreponte.

Levántate del sofá de la autocomplacencia y sécate las lágrimas.

Recomponte.

Supera todo aquello que crees que te ha pasado únicamente a ti y sigue adelante con todo lo que antes hacías lo mejor que puedas.

Al principio te costará mucho, lo sé, he estado en ese mismo principio del camino.

Márcate metas pequeñas los primeros días, cosas tangibles, que marquen la diferencia con tus rutinas previas al drama, como sonreír porque sí, dormir bien y las horas adecuadas, comer bien y a las horas que debes, ni mucho ni poco, pero bien.

Cuando vayas viéndote que esas metas van haciendo mella en tu estado de ánimo ve subiendo el listón, paseos, deporte, salir con gente, o distintas cosas que te gusten, cada uno tenemos nuestras cosas.

Ahora pasamos a lo intangible.

Las cosas que tienen valor, pero no tienen precio, esas que te sumergieron en aquel salón de la angustia, sentado en el sofá de la autocomplacencia embebido de cobardía porque alguien te hizo daño.

Ahora que has vuelto a oler el aroma de esas cosas con valor agárrate a la vida, a todo lo que te infunde y niégate a que ese hueco reclame tu nombre.

Aprende a decidir dónde quieres que esté tu nombre.

En un desierto o en un paraíso, es tu decisión.
 
BON JOVI – It’s my life

 

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©VictoriadelaFuente2018

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Fuente de la imagen Pixabay