MI HISTORIA COMPLETA SOY YO

Pese al tiempo que ha pasado no logro comprender porqué no soy capaz de olvidar las semillas de la ilusión que plantaste en mí, pero las he germinado y en mí han crecido, porque yo soy toda vida, ya me conoces.Eras el ser más zalamero que he conocido y el que se podía imaginar nadie.

Me pregunto porqué hiciste que te quisiera e incluso porqué llegué a amarte, para qué tuviste que elevarme hasta el cielo y hacerme volar entre nubes de algodón si después ya sabías que me harías caer, y lo harías intencionadamente, ¿Para qué? Esa pregunta no deja de dar vueltas en mi mente, ¿Para qué? Maldito. ¿Para qué? ¿Tenías acaso una necesidad de alimentar tu narcisismo con mi persona? ¿Fui el alimento de tu ego?

Me parece tan absurdo como totalmente ilógico que hicieras tantas cosas para tenerme bajo tus designios y mandatos, tus normas eran lo más importante e infranqueable, sólo te importaba tenerme contigo y a tu lado.

Resultabas empalagoso a ratos y honesto en otros momentos con aquellos halagos, piropos y detalles que parecían sinceros, lograste hacerme sentir realmente bonita, en algunos momentos hasta me creí que pensabas todas aquellas cosas de mí, que era guapa, inteligente, bella, que te parecía la única mujer del planeta y con la que querías estar.

Con todas esas sandeces me ayudaste a ser mejor persona, me ayudaste a ser la mejor persona que puedo ser, me ayudaste a ser la mejor versión de mí misma que puedo alcanzar a ser.

Ahora sé, ahora entiendo que todas cosas que me decías debía haberlas creído sobre mí misma sin que se las susurrara a mi alma un mequetrefe como tú.

Llegué a creerme el que yo era importante para ti, cuando en realidad jamás lo fui ahora lo sé, incluso llegaste a darme poder para opinar sobre tus cosas, tus planes, tu familia, y tus sueños, no importaba si tenían corto, medio o largo plazo, porque me hiciste creer que no habría un final para nosotros, me hiciste creer que nuestra relación iba a ser una de esas en las que se envejece para caminar paseando por el mismo lugar por el que nos besamos por primera vez. Aquel parque, frente al banco en el que nos besamos la primera vez con timidez y ganas, todo en uno.

Me otorgaste un lugar en tu vida que yo no buscaba, y que aún así obtuve por méritos propios ya que nadie se te ha entregado como yo me entregué a ti.

Jamás nadie me había hecho sentir como tú me hacías sentir, pero a cada promesa que decías no hacer le seguía un momento de tremendo sentimiento de fraude.

En ti todo era falso, eras como una moneda de dos caras, o mejor descrito moneda de dos cruces.

Quizás era demasiado ingenua, me creía tus mentiras y confiaba en ti y en tus mentiras ciegamente.

¿Quién iba a sospechar que eras un experto en engaños cuando fingías estar enamorado de mí hasta la médula? Yo no, yo no fingía.

Yo no te esperaba en mi vida, ni te buscaba para rellenar los espacios vacíos que tenía en mi corazón y cuando apareciste me negaba al principio a aceptarte, pero al final nos adaptamos el uno al otro y, yo estaba dispuesta a dar lo que soñaba, como a recibirlo.

Te empeñaste en ser parte de mis días y de mis noches, esa forma tuya tan intencionadamente inadvertida de llenar de ti y de tus esencias, y anécdotas esos huecos que yo tenía, junto con ese afán tuyo de hacerme sentir la necesidad de sentir algo diferente, algo más, mucho más, siguen doliendo.

Quisiera que alguien me hubiese hecho ver que tus palabras tenían fecha de caducidad al igual que el amor que decías que sentías por mí.

No sé para qué hacías tanto teatro, si te digo la verdad eras un gran actor pero todas las películas tienen su final, no sé para qué tanto tiempo invertido en enamorarme y no sé para qué tantos detalles fingidos si al final lo único que pretendías era marcharte y lo hiciste sin la pretendida sonrisa en los labios, sin poder declararte vencedor y es que para ti hubiera sido un logro poder obtenerme, enamorarme y herirme con tu marcha y con tus desprecios, sin importarte mis sentimientos, pero antes de lograr enamorarme del todo me di cuenta de cuál era tu juego y retrocedí.

Sentí que mi corazón se deshacía en mil pedacitos, roto como un cristal al romperse.

Tengo que confesarte que pasé días y noches incontables encerrada en las cuatro paredes de mi casa pensándote, curándome de ti.

Te confieso que perdí las ganas de vivir, el ánimo y el apetito, el sentido del humor y la ilusión.

Te confieso también que ver aquellas fotografías de los momentos que pasamos juntos, solo lograban que me derrumbase aún más.

Pasó mucho tiempo, muchas lunas y entonces supe que estabas con alguien más y pese a lo que cabía esperar no me hundí, todo lo contrario, me sentí aliviada, porque era aquel nuevo juguete quien cargaría con tus piropos, con tus jugadas, tus patrañas y no yo.

Todos los pequeños fragmentos de mi corazón fueron liberados, como si una bocanada de aire de tormenta hubiera sido desbloqueada en medio segundo cuando aquella noticia llegó a mí.

La situación había quedado gracias a esa mujer en libertad, y la mujer en la que me había convertido yo después de ti no era yo y sinceramente no quería verme nunca más así.

No puedo recordar de donde logré sacar fuerzas para reincorporarme, me costó mucho ponerme en pie, pero lo logré.

Aquella noticia lejos de destruirme me dio la oportunidad de reconstruirme.

Con aquella noticia entendí el motivo de tus tejemanejes con los muchos números de teléfono que tenías, las llamadas que no podías coger cuando yo estaba delante, o llamadas que decías que eran una confusión”, tu falta de interés y de tiempo hacia mí, luego estaban aquellos gestos, detalles y palabras de amor que poco a poco fuiste perdiendo y aquellas palabras que empezaron a aparecer con sutileza al principio, con descaro después,  para insultarme sin recato.

 Nunca llegaré a comprender cómo me dejaste de querer tan fácilmente y tan rápido.

Como de la noche a la mañana encontraste a alguien más y tomaste apresuradamente la decisión de sustituirme.

Lo más doloroso de esta situación es saber que te puse en un pedestal del que tú solo te has bajado y de la peor manera posible, jamás debí subirte donde no merecías estar.

No eres más que un galán de tres al cuarto que me dejó de mentirosa frente a todos.

Ni siquiera te podrás imaginar que en su momento todo el amor que llegué a sentir por ti se convirtió en desprecio, ni en tres vidas te lo podrás imaginar.

Llegué a odiar todo lo que tuviera relación contigo, tu nombre, tu barrio, tu apellido, tus manos y donde las habías posado, tus regalos, cada uno de tus recuerdos, tus besos, las falsas promesas, las tontas palabras, cada sueño y cada plan que hiciste que se esfumaran en un parpadear. Llegué a sentir desprecio porque yo no pedí que llegaras a mi vida ya rota y porque sin importar cuanto me hubiese costado reconstruir mi corazón y prometer que lo cuidarías, te fue muy fácil romperlo como si nada, porque claro, para ti era nada.

Pero hoy me siento curada de ti, porque entendí que ese odio solo me dañaba a mí y porque de mí no mereces ni ese sentimiento.

No me ha costado mucho tiempo llegar a esta conclusión, soy muy rápida ahora en llegar a conclusiones y más con lo que me has enseñado, antes no lo veía así, pero hoy te agradezco que me dieras la oportunidad de que en el futuro, cuando me sienta preparada, y encuentre un hombre de verdad, uno que sepa amar y hable con sinceridad voy a saber llevar la relación de una forma adecuada.

Estoy preparada para perdonarte y soltarte, perdonar es eso, soltar, y quiero decirte que solo fuiste el autor de mis heridas, no de todas además, ahora también el autor de algunas de mis cicatrices, porque hoy, hoy más que nunca vivo más plena que ayer, más plena que cuando vivía a tu lado, más capaz que antes.

Quizás puedas hacerme un último favor:

No vuelvas cuando veas que me encuentro perfectamente sin ti, que cumplo mis sueños y logro mis metas.

No regreses cuando la persona por la que me cambiaste se de cuenta de que tu careta no logra taparte toda la cara, que la goma de la careta finalmente se cae porque se da de sí.

Por favor recuerda que… sólo fuiste un capítulo, un mal fascículo, no toda mi historia y acuérdate que mi historia la cuento y la juzgo yo que para eso la sé completa.

THE CORRS – Forgiven not forgotten

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