ABRIL

Hacía ya años que Alba temía la llegada del mes de abril, “lluvias mil”, no sabía porqué, ni exactamente qué año había empezado, pero cada doce meses pasaba por la misma situación: algo malo le pasaba, algo terrible que le costaba mucho superar, o que no superaría jamás.

Un año un familiar murió y ella se hundió.

¿Cómo se supone que se supera la muerte inesperada de alguien a quien amas?

El siguiente abril cuando empezaba a hacerse a la idea de que no volvería a ver la cara de aquella persona, ni oír su risa, Alba perdía su casa.

Cada recuerdo que tenía lo perdía, desde el regalo de comunión, a una postal que su novio le había mandado unas vacaciones de verano que tuvieron que pasar lejos el uno del otro.

Regalos de boda, fotografías irreemplazables, vídeos familiares, cintas de casete que había grabado con gran esfuerzo, colecciones de cosas vario pintas que quizá para otras personas fueran cosas sin importancia, pero que para ella suponían una vida, su vida.

De la pérdida de su casa no se recuperó en años, ni económicamente, ni anímicamente.

Doce meses más tarde su pareja la mandó al hospital con varias fracturas y se sintió la peor persona del mundo cuando tuvo que estampar su firma sobre aquel papel. Es una característica común a todas las víctimas de violencia de género, sentirse mal por hacer lo correcto porque sienten dependencia hacia su agresor.

Al año siguiente perdió a otro familiar y la rueda de la pérdida se volvió a repetir.

Se percató en un mes de abril especialmente duro de que las fatalidades de su vida se daban siempre en el mismo mes, entonces recogió un poco de agua de lluvia que guardó en un pequeño bote cuyo tapón era de corcho al que le puso una vela y le dijo:

 – Aquí guardo todos mis reincidentes problemas del mes de abril.

Cuando las doce campanadas cambiaron el año pensó que, eliminando en su cabeza, la  amenaza, eliminaba las probabilidades de que algo malo continuara pasando en el año que entraba, y decidió que marzo duraba mes y medio y junio empezaba dos semanas antes.

Por algún designio  mágico la suerte estuvo de su lado, y nada malo pasó en el mes de abril aquel año, ni el siguiente, ni el posterior.

Había roto el maleficio.

Había roto todo lo que los malditos meses de abril conllevaban, porque cada vez que algo malo le pasaba había un latigazo de comentarios espeluznantes sobre lo que le había pasado, un latigazo que restallaba en su vida, con su eco, que le dolía por partida doble, porque le llevaba de vuelta a lo sucedido y con una bofetada a lo que la gente, ignorantes todos, creían que había pasado.

SERAMIC – People say

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©VictoriadelaFuente2018

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Fuente de la imagen Pixabay