EL INGENIERO

Cuando más cruenta era la crisis económica en España, allá por 2013, en una red social coincidió con un chico y como no podía ser de otra manera participaban en la misma liga.

No habían pasado cinco días de su primer saludo cuando él tomó un avión desde su ciudad natal a la que decía odiar y se plantó en la ciudad en la que ella vivía para conocerla en persona, para entonces los mensajes y las llamadas ya se le habían quedado cortos y quería más.

Cinco días ciertamente no son muchos, pero fueron cinco días muy intensos en los que habían hablado muchísimo por WhatsApp y por teléfono en esos cinco días el ya tenía clarísimo qué quería hacer con ella.

En todas las fotos que él le había mandado de una forma u otra ocultaba estratégicamente sus ojos ella se había dado cuenta utilizaba gafas de sol, siempre había algo que entorpecía su mirada, juegos de luces o las gafas, o cualquier otra estrategia, pero cuando sus miradas se cruzaron en el aeropuerto toda la magia, todo el hechizo quedó roto como el humo por una suave brisa, y él lo supo, tan pronto como se quitó las gafas de sol ella pudo ver que sus ojos estaban tan separados que le hacían parecer casi como una tortuga, tan irreal como feo, risible, ridículamente irreal, casi parecía uno de esos bichos que cambia de color, un camaleón, que puede dirigir cada uno de sus ojos en una dirección, teniéndolos tan distantes que parecían no pertenecer a la misma persona , como si se refieran por distintos hemisferios de distintas cabezas.

Además, se esforzaba visiblemente por agrandar los hombros como si llevara henchido por medio de la respiración su porte y su caja torácica y, caminaba de forma ostentosa como si fuera el peor macarra neoyorquino o un gánster.

Esa forma de agrandar los hombros a ella le recordaba mucho a la forma que tienen de aparentar ser más grandes de algunos animales cuando se les eriza el pelo, por ejemplo, a los gatos, los perros, es todo pura apariencia sobre todo cuando están asustados frente a un posible enemigo o contrincante.

El aeropuerto era pequeño, casi podría decirse que era de andar por casa, entrañable, y en el breve trayecto desde la terminal hasta el coche ella ya había decidido que aquello era un error, más que decidido lo había visto, aquellos andares, aquel porte, sumados a aquella terrible forma de vestir, pero sobre todo aquellos ojos y la forma que él había tenido de escondérselos, premeditadamente.

De alguna manera a que el proyecto de hombre se dio cuenta inmediatamente de que lo construido durante aquellos días más lo que él tenía en mente, lo había tirado por tierra en parte por su físico en parte por aquel engaño y empezó a hablar durante el trayecto a su casa, habló de su trabajo vanagloriándose de su vida pasada.

Cuanto más hablaba más grande era la fisura que se había abierto al verle ella los ojos y descubierto su treta, él no hacía más que presumir de su carrera, pues aducía que era Ingeniero Informático, por la universidad de Oxford, ¡nada menos! en ése momento para que no se percatara de que simplemente ella estaba divagando en sus pensamientos y prometiéndose a sí misma no volver a caer y en algo así de conocer a alguien por redes sociales, le preguntó por la experiencia de la universidad, ¿qué tal había sido su paso por la universidad? ¿Cómo le habían afectado los cinco años de carrera en su vida?

Ante aquella pregunta el puso una cara de infinita perplejidad respondiendo que jamás había pasado  por la  universidad,  sino  que  se había sacado  la  carrera  recibiendo los apuntes vía e-mail desde una universidad extranjera.

Ante esto ella no pudo evitar girar levemente la boca como una sonrisa medio torcida, cuando en realidad era una carcajada detrás de otra ahogadas por muchos años de educación por parte de sus padres; pero él se dio cuenta, no era ningún ingenuo.

Tras pasar cinco días durmiendo juntos pero separados en los que rehicieron el camino de desconocimiento él volvió a coger un avión de vuelta a aquella ciudad en la que por designios coyunturales de su familia se veía obligado a vivir.

MUSE  – Madness

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©VictoriadelaFuente2018

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