GUERRAS Y BATALLAS

Hay guerras que libramos en nuestras vidas, batallas comunes, o que nos han hecho creer a estas alturas que son comunes porque las vemos muy a menudo.

Son guerras que sacan lo peor de cada uno, que cuando conoces a una persona, o aunque la conozcas desde siempre no puedes imaginar, ni llegar a creerte que vaya a descender a un pozo tan profundo de deshonestidad, de deslealtad, de ponzoña, de mentiras para encubrir malos pasos y dobles vidas que llevas tiempo transigiendo, o simplemente te sorprende ver que la codicia era el segundo nombre de esa persona que creías conocer y no conoces en absoluto desde que esa guerra os ha enfrentado.

Si sacan lo peor de cada uno en unos aspectos, sacan lo mejor de nosotros, cada una de esas batallas nos hacen más audaces, más intrépidos, más precavidos, más estrategas, más desconfiados y si hay algo bueno dentro de nosotros volveremos a nuestro principio. Pero eso pasa después de que la locura se adueñe de ti, de tu mente, de tu vida, de tu tiempo y te creas absolutamente demente por traición.

Y si no hay nada bueno dentro del corazón de la persona del otro bando en algún momento la careta que sostienen sus orejas, por más que se obceque en ser un actor de primera, terminará por caer por su propio peso.

La guerra entre dos personas que acaban una relación no es civilizada cuando hay una cadena de traiciones, entonces eliges un bando u otro sin dudarlo y, atacas para defenderte de y por lo que te han hecho, porque es matar o morir en un sentido figurado, en un sentido sentimental y del alma, es pisar o ser pisado, ser pisado por quien te prometió amor y ahora se descubre tu traidor, es… morir matando por lo que crees que es justo sin dar tu brazo a torcer porque te ves herido con lo que te han hecho, una injusticia.

Mientras tanto alguien se hace rico con tus inmundicias, y otras personas se mueren de la risa con tus batallas mientras salen a la luz tus trapos sucios, porque salen, claro que salen. Todos tendemos a contar los secretos del otro mofándonos una vez damos por zanjada la relación.

En la guerra haces daño y te lo hacen. Los que se posicionan en tu lado resultan perjudicados inexorablemente y los que se posicionan en el contrario reciben tus golpes y los de los tuyos, es de lógica.

Luchas y luchas.

Guerras y batallas.

Y en algún momento entre batallas y victorias, entre batallas y pérdidas te preguntas para qué y porqué. Te preguntas si no hubiera sido mejor quedarse con lo que había, tal como dice el refrán, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Te preguntas cuándo es el momento detener ese sin sentido y rendirte.

Te preguntas después de todas las batallas si compensa, si no era mejor sencillamente pretender que todo era normal, que todo estaba bien y que todo siguiera su curso como si nada, como si nadie, como si tú fueras inmune a lo que te destrozaba por dentro y no te murieses de la rabia porque alguien volviese a incumplir lo que supuestamente era sagrado entre los dos.

Entonces un segundo antes de la rendición recuerdas el sentimiento que te hizo percibir aquel momento en el que supiste todas las mentiras que conllevaba tu vida, que era tu imagen de tu vida, era sólo eso, una imagen en tu retina y en un abrir y cerrar de ojos la imagen había pasado de ser lo que tú fervientemente creías a una falacia, una obra de teatro en la que no sabías que participabas.

Eras el actor o la actriz de tu propia vida, a veces era una comedia, a veces una tragedia, a veces un drama, a veces un bodrio.

Y decides que vas a mantener tu postura y continuar amando, aunque no sea recíproco, aunque no tenga visos de que a cada mensaje te respondan con el mismo cariño que tú pones, porque vale más la constancia del amor que seguir en pie de guerra por algo que ya no tiene importancia, por un agua que ya no mueve un molino que ni siquiera está en pie.

Amar es más fuerte que odiar.

Odiar tiene costes más elevados para quien odia que para el odiado.

Cuando odias tienes que esforzarte por mantener una actitud negativa hacia la persona que odias, mientras que el objetivo de tu negatividad probablemente esté en su casa, sentado en su sofá, viviendo tan tranquilamente una vida ajeno a tus negativos sentimientos.

A veces es más sencillo pasar página y dejar que lo que realmente compensa y lo que amas sean uno.

SAILOR & I – Black swan

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©VictoriadelaFuente2018

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Fuente de la imagen Pixabay