No lo puedo evitar, oigo esa canción y te materializas otra vez delante de mi cara, vas tomando forma como en las películas de fantasmas, pero no me das miedo.

Todo lo contrario, me alegro de verte, una bola se me forma en la garganta y las lágrimas asoman a mis ojos cuando tus brazos se extienden para ofrecerme tus manos invitándome a bailar.

Agarras mi cuello sin ser pusilánime, con cierta firmeza, metiendo tus dedos por el nacimiento de mi pelo guías mi cabeza hasta mi sitio, ahí donde más me gustaba apoyar mi cabeza al dormir contigo, ese hueco que forma tu hombro y tu pecho, justo antes de tu pezón.

Entonces respiro hondo llenando mis pulmones despacio a todo lo que dan de sí con tu esencia, la que tanto he echado de menos en este tiempo que se me ha hecho eterno.

La canción suena y nuestras caderas se acompasan como antes, como siempre, como si fuéramos un puzzle que encaja naturalmente y que jamás debió dejar que sus piezas se separasen.

Cuando llega el estribillo que es algo más rápido subimos el ritmo de nuestros cuerpos y a mí me sube el ritmo de la respiración, estoy sudando, estoy mojada toda yo, estoy convencida de que tú que me conoces mejor que nadie ya sabes cómo me siento y qué siento por dentro.

Siento hambre de ti, sed de ti, te lamería entero hasta dejarte brillante, te mataría del placer.

El estribillo me da un receso y noto que tú también estás en la misma situación que yo, tu olor ahora es más intenso, tus poros están dilatados y expelen tu olor natural que ahora me es más penetrante, hace que mi imaginación se dispare.

Susurras a mi oído que sigo oliendo a manzanas y canela, como siempre y me veo obligada a cerrar las rodillas un poco, algo imperceptible para cualquiera que nos pudiera observar pero no para ti, al verme hacer ese gesto agarras mi barbilla para darme un beso suave en los labios y volver a susurrarme: «te he visto Neni», lo cual hace que me sonroje para tu extremo placer.

Otra vez el estribillo nos lleva a la cumbre y me agarras fuerte de la cintura con una mano ciñéndome a tu cadera y entonces te siento ya con seguridad, por fin tengo la certeza de que lo que me quema en mi interior te quema a ti en tu interior, pero yo lo siento en el exterior en mi vientre, lo noto ahí donde se juntan nuestros cuerpos bailando.

La música vuelve a descender, da sus últimos coletazos y termina con un golpe de batería que nos obliga a separarnos y yo me revuelvo en las sábanas sin saber qué hacer con este calentón y sin ti, aunque me parece que aún te huela aquí a mi lado.


 

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©VictoriadelaFuente2018

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