La traición tiene un número de veces repetibles para cada uno, para algunas personas la traición es una, singular, te dicen: “me la haces y desaparezco, no perdono”.

Y dicho y hecho.

Para otras personas que son más permisivas la traición tiene otra forma de ser, dejan que la traición se quede en sus vidas por determinados motivos.

Aunque al final la traición no es otra cosa que traición y si convives con ella te conviertes en su víctima, y para los que defienden al traidor hay que decirles que no son otra cosa que sus cómplices, da igual que sea un miembro de su familia o un gran amigo, lo que está mal está mal lo haga quien lo haga.

La capacidad de aguante del ser humano tiene un límite por más que haya amor, si la traición va más allá del amor y de los compromisos que este conlleva no se podrá mantener ni uno ni otro.

Porque la capacidad de aguante quizá sea tolerante, pero a costa de qué, ¿de la salud?, ¿de cómo te ven los demás?, ¿de la tristeza que se mete en el alma?, ¿de que nuestro comportamiento pueda parecer ridículo?, ¿a costa de que todo el mundo critique nuestras acciones?

O quizás aun peor, a costa de empezar a irradiar cierto tipo de energía negativa que todos perciben y a la que no se quieren arrimar como si se fuera un apestado cuando en realidad no es más que un contagiado de alguien que lo tiene sometido por presión de traición.

La traición no es sólo una deslealtad, o una infidelidad, también puede ser faltar a una promesa o a un acuerdo que de común se había llegado entre ambas partes, también puede ser contar mentiras fuera del ámbito del hogar para mantener a salvo un hábito insano que dará al traste con la unión o la persona que obviamente no es amada.

Es algo así como un chantaje emocional en el que además de traicionado eres el chantajeado.

GRACE – You don’t own me

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©VictoriadelaFuente2018

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Fuente de la imagen Pixabay