Es curioso cómo nos acostumbramos a ciertas actitudes, a ciertas cosas.

Nuestro corazón, nuestra mente, nuestro cuerpo se van acostumbrando con el paso de unos pocos días a casi todo.

Tanto para lo positivo como para lo negativo.

Vamos a desarrollar esta teoría.

Piensa en cualquier ejemplo que tengas en tu entorno, o mejor, sigue leyendo que te pongo yo un par de cada y vemos si estamos de acuerdo.

Ejemplo 1, el bueno.

Una persona empieza a tratar con otra, no importa el género, sean hombre y mujer, hombre y hombre, o mujer y mujer. El caso es que entre esas dos personas se crea un buen ambiente, paz, respeto, calidez.

Lo que siembran en un principio será lo que debería ir marcando su relación y además se irán acostumbrando a que la relación sea así e irán solicitando que sus otras relaciones sean también de paz, respeto y calidez, tiene toda su lógica, ¿no? Y es que… ¿quién no quiere lo bueno?

Ejemplo 2, el malo.

Una persona empieza a tratar con otra, pero la relación al paso del tiempo se deteriora, se pierde el buen ambiente, la paz y por supuesto que el respeto se ha perdido, no existe.

La calidez se la han llevado unos pingüinos que transitan ahí donde se relacionan esas dos personas, un trabajo, una casa, un hogar, (los distingo porque no son lo mismo), un proyecto, un amor, o cualquier tipo de relación que una a esas personas.

Bien. Llegados a este punto una de las dos personas empezará a ejercer presión sobre la otra, los motivos pueden ser variados, celos, disensiones, desacuerdos… en realidad los motivos pueden ser innumerables.

El que está en posición, vamos a decir dominante, tiende a acostumbrarse rápidamente a su situación aventajada.

El que está en posición sumisa tiende a acostumbrarse, a ceder rápidamente, suele empezar a delegar las decisiones importantes de todas las cosas de su vida enseguida, y peor aún, no solo las decisiones de su vida, también las de otras personas que están ligados a ambos.

A veces todo esto depende de características de las personalidades de cada persona, a veces una persona dominante tarda más tiempo en doblegar a quien pretende hacer que sea alguien más fácil de llevar si es alguien con un poco de carácter, alguien vivo, o alguien de historia en su pasado y sabe a quién se enfrenta.

Retomando la hipótesis inicial.

¿Tienes en tu entorno algún referente que te sirva como ejemplo con nombres de estos dos que yo he puesto?

Es fácil ver cómo pasan las cosas.

De hecho, yo misma he visto cómo dos personas en el caso uno se han mantenido perfectamente acopladas en una unión simbiótica que ha durado décadas.

También he visto como uniones de tipo «uno por encima del otro», que así mismo han durado décadas lo han hecho por ese frágil, ecosistema si es que puedo llamarlo así, que se da entre dos personas unidas que tienen una dependencia, que no encuentran una vía de escape el uno del otro, que no tienen una formación para independizarse, que se ven mayores para comenzar otra vez o que tienen miedo al rechazo familiar.

Sin embargo, tenemos que apoyar a quien esté en una posición más desfavorecida en no juzgar sus acciones, tanto si quiere salir de la situación como si quiere permanecer en cualquiera que sea su postura, arriba o abajo.

Si esa persona quisiera salir y pudiéramos ayudar nuestra mejor acción sería aportar nuestra experiencia y nuestra sabiduría para las personas que queremos o amamos, después el universo nos lo devolverá por medio del karma.

CALUM SCOTT – Dancing on my own

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©VictoriadelaFuente2018

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