Recuérdame cuando ya no estemos juntos, cuando mi cara se desdibuje en tu memoria, cuando la luna deje de brillar, cuando las nubes te atrapen volviéndolo todo negro a tu alrededor y cuando me extrañes en tus amaneceres.

Mírame en tus días más lúgubres en las fotos que nos hicimos cuando fingías que eras feliz a mi lado. Piensa en mí cuando tomes un café en algún bar cualquiera, uno que no hayamos pisado juntos. Contempla esas fotos que me empeñaba en hacernos en todos los sitios donde íbamos y échame de menos mientras aprendes a ser observador.

Háblame cuando no tengas a alguna mengana cerca, cuando llegues a un lugar sórdido que ni en el mejor de tus sueños puedas llamar hogar porque ni con un perro estará lleno como en el hogar que desdeñabas cuando vivías conmigo y en el que todo te parecía mal.

Suéñame porque, aunque ya no forme parte de tu realidad, hubo una época en que sí, y por muy corta que haya sido, creo que fuimos felices. Aunque más bien creo que fue una felicidad efímera y que yo misma me quise creer, pero no existía en realidad.

Sueña con esos días donde las palabras fluían sin tanto pesar, donde nosotros aún nos queríamos, y yo te amaba, suéñame una vez más, o todas las que quieras, qué más da ya, después de todo los recuerdos son lo único incierto que tenemos en el presente pues los vamos moldeando con el paso del tiempo a medida vamos creciendo y evolucionando, los dulcificamos según vamos perdonando las que considerábamos ofensas y sale a flote el amor que toma mayor fuerza por las personas que hemos perdido, pero que si nos dieran otra oportunidad volveríamos a perder porque pesa mas la necedad, porque las costumbres son lo que son, nuestras raíces.

Aquellas emociones son difíciles de repetir, y cuando te sientas listo, déjame ir, pero hazlo, no me retengas más, que ya hemos pasado por esto tantas veces que ya casi en lugar de una saga parece una telenovela, una de esas en las que la mala es siempre la ex, la hermanísima, la suegra, y se empeñan en joder la relación, y es que hemos cumplido todos y cada uno de los fetiches, hasta el de la cobardía.

Cada uno de nuestros recuerdos se irán despacio y eso que yo soy una experta en el olvido, así con O mayúscula. Quizás, suavemente, cuando camines por algún sitio, en tus muchas caminatas, observes el cielo, un atardecer cualquiera y sientas una pequeña sensación de melancolía, quizás ahí, aunque no recuerdes nada, sabrás que alguien en algún lugar de este vasto mundo, piensa en mí de la misma forma que tú solías hacerlo y sepas que has sido sustituido.

Recuérdame en mis mejores momentos.

Que yo te recordaré en aquellos en los que te reías de mí, en los que me coartabas, en los que me controlabas, en los que me sentía humillada, te recordaré cuando me insultaban delante tuyo y por ti y tú agachabas las orejas para mi decepción.

Recuérdame que yo te olvidaré.

Vive tú de mis recuerdos, y yo viviré de mis olvidos porque yo prefiero vivir la vida, sencillamente.

Arde en tus recuerdos por no querer seguir el sendero del amor verdadero, arde por el camino de la soledad por no querer caminar a mi lado sino querer imponer a quien sabe volar como una mariposa… ¡Arde! Y mientras recuérdame. Arde cobarde.

AITANA – Arde

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©VictoriadelaFuente2018

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