No todo el mundo puede decir que sabe en qué preciso y precioso momento dejaron de querer a alguien.
Pero yo si sé en qué momento dejé de amarte o de quererte, ya ni lo sé y en ese momento le dije a mi corazón “late a mil latidos de este ser que no da para nada más que lo suyo y date dos mil latidos de impulso para deshacerte de semejante imbécil”.
Y aquí andamos, él latiendo y yo tomando impulso con cada tontería que me toca escuchar.

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©VictoriadelaFuente2019

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