Me encanta  el tacto suave de tu pelo entre mis dedos, y jugar con él entre mis manos haciendo dibujos mientras tu respiración sube y baja acompasada bajo la palma de mi mano, dándole ritmo a mis días y seguridad a mi vida.

Me gusta cuando por algún motivo me arranco a bailar en casa y te animas a bailar conmigo dándome tus manos para que las coja con las mías.

No creas tú que me gusta mucho tu barba que  tiene esa mala costumbre de pincharme cuando apoyas la cabeza en mis muslos, y siempre me coge desprevenida ese  pinchazo que me hace saltar por lo inesperado del pequeño dolor.

Me encanta la forma en que me miras, esa adoración que denotan tus ojos cuando me miras.

Me miras sin dudas, casi sin parpadear con esos ojos tuyos redondos, profundos y del color de la Coca – Cola como dice aquella canción de Fito, ¡Cómo me gusta aquella canción!, y tus ojos me tienen loca porque eres todo expresividad y  porque casi siempre sé lo que piensas y lo que quieres.

A estas alturas ya nos conocemos tú y yo, conocemos nuestras rutinas.

En especial me gusta cómo apoyas esa mano grande tuya sobre mi rodilla cuando quieres que te preste toda mi atención mientras estoy haciendo cualquier cosa, cuando estoy sentada al ordenador, cuando estoy sentada en el sofá y estas aquí a mi lado, siempre pendiente de mí.

Me encanta como comes cada cosa que te de, con gratitud, relamiéndote con cara traviesa, como si me sonrieras.

Me encanta esa forma tuya  de darme cada mañana los buenos días, como vienes  a despertarme por mi lado de la cama y eso  se me ha vuelto indispensable, aunque he de decirte que te canta la petaca.

El cariño que veo en ti no lo vi antes en ningún otro ser, o sí, el tuyo es un amor incondicional que sólo los que son como tú son capaces de dar, y que el amor que siento por ti también lo es.

Sé que no me dejarías por nada del mundo, y yo no te dejaré, salvo por algo inesperado, y que esté mas allá de mis capacidades, y eso te digo desde ya que puedes tenerlo por seguro.

Cuando llego a casa la alegría que veo en tu mirada cuando nos vemos es real, no es fingida.

¡Pero si hasta me pides un abrazo!

Jamás te has portado mal conmigo, si acaso una vez sin querer, y he de decir que todo lo bruta que eres me lo compensas con un cariño que me hace sentir la persona más agradecida del mundo por tenerte en mi vida.

Tú y yo vamos aprendiendo a amoldarnos en la convivencia, y he de reconocer que salvo algún pequeño mal vicio, como volverme loca por tu manía de jugar con mis gomas del pelo y comerte las servilletas de papel que vayas encontrando por casa, nuestra convivencia es digna de ejemplo.

Si alguien me hubiera dicho que yo iba a ser capaz de adiestrar a un perro de una raza tan potente como la tuya le habría mirado para desternillarme  de la risa en su cara porque no me hubiera sentido capaz de hacer algo que conseguir algo que veía como una hazaña, pero ahora me siento capaz de esto y de mucho más.

Me relaja caminar contigo y ver cómo te paras en detalles que yo no repararía, cómo lo observas todo, y lo cabezota que eres.

Cada minuto que  compartimos es magia para mí, eres un ser bueno y cariñoso que no sabe lo que es el rencor.

Tienes la capacidad de hacer que contigo me sienta a salvo, y me gusta el poder que tienes de hacer que con tu presencia algunas personas se sientan intimidadas y eso me hace mucha gracia, a fin de cuentas, porque no te conocen y no saben que eres «un pedacito de cielo«.

Me gusta verte bajar las escaleras alegremente como si fuera una fiesta, y cómo saludas a quien pasa por delante de ti en la calle, como si todos fueran tus amigos, y claro que es así, para ti somos amigos todos, o no compartiríamos el mismo sol y la misma luna, y la misma calle.

Te gusta todo el mundo, te gustan los niños, te gusta jugar.

Me hace mucha gracia que cuando lloro enseguida vienes a consolarme, abrazándome como si no hubiera un mañana, acaricias mi cara, y me secas las mejillas. 

A tal punto a llegado lo tuyo con mis lloros que, si oyes a alguien llorar en un programa de televisión vienes desde donde estés en casa para consolarme, para luego darte cuenta que no era yo quien lloraba, pero ya estás encima con un abrazo de oso tremendo al consuelo, haciéndome reír porque no era yo esta vez quien lloraba.

Si ya me gustan hasta tus ronquidos, que deben sonar al compás de los míos y debemos de tener a medio barrio aburridito. 

Me gusta mirarte cuando te quedas dormida a mi lado mirándome a hurtadillas, y aunque creas que no te veo, te veo, te observo, y como en cada pesadilla que tengo tú te incorporas y me miras hasta que caigo otra vez dormida, mas bien agotada por tantas noches de dormir sin descansar, sin dormir seguido una noche.

Me enamora esa lealtad tuya que me mira desde la profundidad de tus ojos marrones y tu fidelidad que me conquista el alma, tu alegría y tu sencillez, y tu forma de aullarme bajito cuando quieres que te busque un juguete debajo del sofá, porque tú, mi Rottweiler es simplemente increíble.

BANDA SONORA ORIGINAL DE LA PROFECÍA JERRY GOLDSMITH- Ave Satani