Se conocieron por una de esas redes sociales que te ayudan a buscar pareja, vaya eufemismo, cada uno estaba a disgusto con sus respectivas relaciones de aquel momento.

Las fotos que se mandaban eran estudiadas al milímetro, sus mejores poses, uno cuando no conoce a otra persona quiere agradar.

Jorge y Natalia se conocieron en una cafetería con vistas al mar y se gustaron a la primera mirada, en la primera conversación descubrieron que coincidían en muchas de las cosas que hacían como hobby, más allá de lo que la gente suele poner en sus perfiles como playa y montaña, bailar y pasear, cine y teatro, leer… cosas así.

Sin embargo, a ellos les gustaban otras cosas, compartían algunos hobbies de verdad, la fotografía, el mar, las series, escribir, los olores, y una cierta sensación de dejadez, de abandono que les hacía sentir que sus relaciones estaban fracasando por distintos motivos.

Sin haberlo intentado se seguían por todas las redes sociales porque coincidían en todos aquellos gustos, eran muy afines, aunque él vivía muy lejos de ella.

Había concertado la reunión aprovechando que tenía una entrevista de trabajo, la pareja de él, Nines, no lo sospechaba, pero, él tenía la intención de marcharse de su provincia, cambiar de aires.

Llevaban seis años juntos y cuando llevaban tres Nines le había dicho que necesitaba un tiempo para saber lo que sentía, por aquel entonces no vivían juntos aún, el hijo de Nines tenía diecisiete años y no le aceptaba demasiado bien, habían decidido esperar a que se fuera a Madrid a estudiar y ya se irían juntos a vivir.

La extrañaba mucho y fue a verla más de una vez con un ramo de flores y algún que otro regalo, la ilusión de la reconquista le mantenía más activo y fue entonces cuando Jorge vio a un hombre mucho más joven que él salir de casa de Nines.

Se sintió engañado, humillado y ultrajado.

En aquel mismo momento llamó a su teléfono móvil y ella adujo que estaba enferma para no atenderle.

Una hora y media más tarde Nines despedía a aquel tipo en picardías y cuatro meses después regresó con él.

Por algún motivo el musculado tipo que la iba a visitar a casa no había querido continuar con la relación, porque si algo tenía claro era que Nines regresó con él abatido.

Continuaron unos tres años más en los que veía en su mirada la añoranza y eso fue el comienzo de su búsqueda.

Ver a Nines a su lado sin estarlo muriendo en vida y estando por estar, cumpliendo con cánones establecidos que marcaba la sociedad pero que no le dictaba su corazón le estaba matando, como sabía que también la estaba matando a ella.

Por su parte Natalia se había liado con un vecino, un tío parco en palabras y cerrado de miras.

Había viajado mucho de joven, pero la crisis del 2008 la tenía atrapada en deudas y aquel tipo la tenía sometida en un montón de prejuicios que cada día la enterraban más en vida.

El machismo no suele llevarse bien con las mujeres que quieren ser libres, pero eso fue algo que Natalia tardó algún tiempo en ver porque él no dio la cara con sus ideas hasta pasados dos años después de irse a vivir juntos.

Durante el noviazgo Carlos le fue infiel con una chica de alterne a la que iba a visitar después de ver el partido del domingo, cuando el noviazgo pasó a convivencia le resultó un poco más difícil pero no imposible.

Natalia vio los extractos de la cuenta y sumó qué era lo que hacía su pareja cuando iba a ver el partido de fútbol, con amigos le decía, pero finalmente vio que no tenía amigos con los que entretenerse, sino una amiguita con la que se entretenía bien.

Llegados a aquel punto tenía dos opciones, le montaba una escena con la que no iba a conseguir que él cambiase o irse de la vida de aquel hombre por mucho que lo amase.

Todos sabemos que es más fácil cambiar de hombre que cambiar a un hombre

El tiempo iba corriendo a su favor.

Natalia se había ido a vivir con Carlos envuelta con un velo de amor, admiración, que a base de decepciones se fue cayendo, cada domingo o cada partido ella veía los pagos que él hacía a su amante.

No era amor.

No era sexo.

No era atracción.

Era una mera transacción.

Y esa tía realizaría la misma transacción unas cuantas veces al día con varios clientes y Carlos le traía los restos a casa de una multiplicación. Ese era un riesgo no podía correr y que no transigiría.

Pero la opción del escándalo estaba descartada.

Cuando conoció a Jorge sus conversaciones triviales le parecieron simpáticas, no eran como el resto de los hombres que le habían contactado, ellos iban a saco.

Eran de provincias colindantes, eso hacía las cosas fáciles a la par que difíciles. 

Ambos querían iniciar algo nuevo.

Ambos  querían salir de sus realidades.

Ambos habían dejado de querer a sus respectivas parejas.

Estuvieron viéndose cada vez que podían, si Carlos iba a ver algún partido Jorge se acercaba a fin de cuentas estaba a una hora y algo por la autopista, si Nines decía que iba a ver a sus padres para ir a ver al macizo de turno Natalia era la que se acercaba hasta la ciudad de Jorge.

Cuando estuvo seguro de que lo suyo no era un capricho quiso quedar con Natalia, curiosamente en el mismo sitio que la primera vez.

  • He conseguido un trabajo, pero que no es en mi provincia, ni en la tuya. Es en Valencia, es justo lo que estaba buscando. Como no estamos en fechas turísticas no he tenido problema para encontrar una  casita preciosa que he alquilado por unos cuantos años, está muy cerca del mar y… – tuvo que dejar de hablar al ver que la mirada de ella se perdía por la cristalera del bar en el que estaban, aquel silencio le valió más que cualquier otra cosa – no he venido para despedirme de ti – ella levantó una ceja a modo de interrogante – yo he venido para decirte que hagamos una locura y…

No pudo terminar la frase porque ella se puso de pie y abalanzándose en la mesa se acercó a él para besarle.

  • Yo haré contigo esa locura si era lo que me estabas proponiendo.

La sonrisa de Jorge era tan amplia como alto era él.

Una semana más tarde estaban instalados en la casa y ella estaba de acuerdo con él, la casa era preciosa, estaba en lo alto de un risco y tenían una cala la mayor parte del año para ellos. Era una casa tranquila y apartada de la ciudad, pero cercana a todo.

En unos meses Natalia también tenía trabajo.

Establecieron unas cuantas pautas a seguir en su relación, como no mentirse, no dejar a otras personas meterse entre ellos y confianza total para poder tener libertad de movimientos.

Veinte años más tarde se reconocieron que, aunque venían de sendas relaciones tóxicas, haber marcado aquellas pautas al comienzo de su relación y de su convivencia y no habérselas saltado había hecho que fuera un éxito.

SIMPLY RED – Something got me started