Claudia era una chica que se partía el alma por sus amigos y amigas, los de clase, los del barrio, los de la universidad, los que iba conociendo en sus viajes, los del trabajo… 

Ayudaba a sus amigas en lo que necesitasen, se quedaba hablando con ellas horas para intentar que sus vidas mejorasen, iba con quien la necesitara allí donde fuera necesario para que lograsen lo que fuera, un concurso, un contrato, una beca, cualquier cosa. 

Les daba clases de lo que sabía de forma desinteresada.

Los llevaba donde necesitasen sin cobrarles nada.

Y con sus amigos era igual. 

Tanto era el tema que algunas de sus parejas se molestaron por su actitud frente a la amistad. 

Cuando la vida le iba bien económicamente prestaba dinero y no pensaba en fechas de devolución, jamás pidió el dinero de vuelta a quien lo hubiera prestado, regalaba las cosas que no iba a usar y sin mirar lo que costaban, le importaba el bienestar de sus amistades y las cosas no tanto.

Siempre decía a todo el mundo que las cosas se caducaban, que la obsolescencia programada no atañe a la amistad y que lo importante eran las personas.

Jamás olvidaba las fechas importantes de sus amistades, los cumpleaños, los aniversarios, los cumpleaños de sus hijos o los nombres de sus mascotas, si era importante para ellos lo era para Claudia . 

Pero la vida es caprichosa, aunque no era esa palabra la que todos teníais en mente ¿verdad? La vida es una hija de puta que a veces nos da más de lo que podemos valorar en el lado positivo y a veces más de lo que podemos tolerar en el lado negativo. 

La mayoría de esas amistades no se acordaron de todo lo que recibieron, fuera en forma de favor, dinero, o tiempo. Los favores se devuelven, el dinero también, pero el tiempo es lo único que alguien no puede devolverte cuando lo has invertido en él o en ella, el tiempo que has pasado en que una persona supere un mal momento es tiempo que no vas a recobrar, es tiempo que le has robado a tu familia, a tu entrenamiento, a tu trabajo o a tu descanso, y esas personas a las que Claudia ayudó no se acordaron de la ayuda prestada, no eran como ella. Ni siquiera eran como ella pensaba.

Claudia pensaba que el punto que nos diferencia a unos de otros es cómo enfocamos lo que valoramos y lo que toleramos

Cuando la vida nos sacude, porque nos sacude a todos en algún momento de nuestras vidas, en algún sentido y sino piensa en la tuya propia, algunos de nosotros nos metemos en pozos para superar esos malos momentos

Una vez que hemos superado esos trances llega una falsa sensación de calma que nos transmite paz, pero dentro de ese remanso de paz que habita en tanta paz no dejamos de extrañar los años que más sencilla era nuestra vida y que era también más divertida. 

El ser humano tiende a extrañar el pasado como si fuera una época mejor y por el pasado deja de vivir el presente, no ve que en el presente puede construir un futuro mejor del que estaba destinado a tener en un pasado que era terrible o patético.

El ser humano tiende a no valorar lo que se le regala, como las segundas oportunidades.

Quizás es porque era en aquel tiempo cuando la vida era más fácil y Claudia no se planteaba nada, simplemente tomaba una decisión y la llevaba a cabo, no dudaba, no se planteaba las consecuencias de cada acto, los problemas de los pros y los contras, si se sentía mal en una relación sencillamente la terminaba y a otra cosa, si se sentía traicionada por una persona la apartaba y a otra cosa. 

Pero con la edad veía que las cosas iban cambiando, las relaciones también, la manera en que la gente va interactuando con los demás y se va volviendo más cauta por las traiciones que vamos sufriendo por parte de los que nos rodean, eso hace que todo vaya tomando una perspectiva diferente…

Y entonces con taitantos años Claudia tuvo una larga lista de decepciones con algunas personas de las que no se cabía esperar una traición, porque a fin de cuentas las traiciones siempre llegan de quien menos lo esperamos, Claudia fue cambiando de amistades, cada una de sus nuevas amigas y amigos iba sustituyendo en el papel de la mejor amiga a una mejor amiga o a un amigo que había caído por una traición.

Pero cuando las sustituciones se volvieron algo tan habitual como un bucle en espiral le pareció un patrón.

Se dio cuenta de que todo lo que le había ido contando a cada una de ellas podía ser usado en su contra sí se entendía fuera de contexto. 

Porque nadie, ninguna de esas personas, que en realidad no habían sido en modo alguno amigas de verdad, tenía toda la información completa sobre su vida, simplemente habían sido testigos de una parte de su vida, pero que quién sí había visto, estado, y sentido todo en su vida era ella, Claudia.

Recordó entonces cuando en algún momento le había contado algunas anécdotas a alguna pareja y precisamente por desconocimiento él se había extrañado. 

En realidad, era como si todos de ellos intentaran ver un cuadro, pinceladas de una obra, pero no el cuadro al completo, cada uno estaban orientados hacia un lado, hacia el otro, demasiado cerca, demasiado lejos, a oscuras, con demasiada luz o con la luz equivocada, incluso había algunos de ellos que por su forma de ser, de pensar, por su lugar de nacimiento o las cosas que habían hecho en sus vidas intentaban ver el cuadro por la parte trasera pero, la única que podía ver aquel cuadro era la autora, ella. Claudia.

Entendió que el concepto de la amistad y la confianza que ella tenía era diferente al que otras personas tenían y empezó a escribir.

Su percepción de la confianza era tal que no solía mencionar a una persona lo que hablaba con otra, porque a ella le parecería una traición.

La idea que ella tenía de la amistad era que cuando alguien confiaba en ti y era tu amigo te preocupabas por esa persona, y si necesitabas hablar con esa persona de forma contundente para que entendiese que había algo que le estaba destrozando la vida lo malo no era el tono, sino lo que le estaba destrozando, pero la decisión era lógicamente suya.

La traición no era dejar de seguir sus consejos, sino llegar a insultar por razonar con ellos. La traición era la desconfianza.

Entonces perdió la esperanza en aquellas personas que ya no podía llamar amigos y empezó a escribir  en libretas algo así como unas memorias, relatos para que olvidarse todas las traiciones que había sufrido por parte de personas que se habían comportado como los imbéciles que eran incapaces de entender que había personas buenas y desinteresadas en la vida.

No era que ella se sintiera mejor que los demás, no era soberbia, era que se sentía injustamente tratada cuando veía que los demás desconfiaban de ella, que por haber tenido malas experiencias la juzgaban igual que a las otras personas, era una sensación de impotencia que la llevaba a la rabia y al desconsuelo.

No podía entender cómo era posible que hubiera personas que pensasen y creyesen que era mejor opción vivir mirando de frente a la desconfianza que vivir aprovechando las buenas oportunidades que la vida ofreciera de la mano de personas buenas que se esforzasen por demostrar que eran de confianza, eso Claudia lo sabía bien.

No le entraba en la cabeza que hubiera gente que le pudiera decir que su modo de vida era tóxico porque prefería ser feliz dando a ser feliz sacando cosas a los que le rodeasen.

Era mejor escribir que discutir, que plantar cara a esas personas que en realidad están podridas por dentro y lo disfrazan de amor y dulzura para sacar todo lo que pueden a los demás.

Cuando terminó de escribir la tercera libreta y la entregó en una editorial que alguien le había recomendado tenía cuarenta y cinco años, su primer libro se leyó en muchos países, le tituló TEOREMA DE LA AMISTAD y trataba de relatos inconexos e inconclusos en los que distintas personas abordaban la amistad y cómo se relacionaban con ella.

Después escribió algunos libros más, nunca con su nombre real usa un seudónimo porque Claudia no quiere que nadie sepa que ella es esa nueva promesa y vieja a la vez de la que todos hablan en los círculos editoriales.

MARK RONSON & MILEY CYRUS – Nothing breaks like a heart