Marta estaba enferma de una rara enfermedad que no era reconocida por las autoridades médicas, pero pese a estar incapacitada para trabajar y no estar reconocida su enfermedad su primo, que era abogado, se había encargado de que le reconocieran una minusválida por tener tres hernias discales y cobraba una pensión que más o menos le permitía vivir.

Pese a todas aquellas enfermedades era una buena mujer, era alegre y dicharachera, jovial y simpática, era una mujer que tenía cierta capacidad para entablar conversación con cualquiera en cualquier lugar, era de ese tipo de personas confiadas por naturaleza que además cuando alguien le falla tiende a perdonar porque confía en que la gente va a cambiar.

Era ese tipo de mujer que se levantaba con una sonrisa cada día, siempre viendo el lado positivo de la vida, porque ya le había ido mal en algún momento y no fue capaz de superarlo, así que en algún punto del camino de su vida se decidió a ver las cosas como eran y no como quería que fueran.

También decidió que tenía que ser otro tipo de persona, que podía ser tierna y dulce pero que si le tocaban las palmas no dudaría en bailar, y no en el sentido del baile precisamente, sino en un sentido retórico de la vida misma.

La gente viéndola que estaba prácticamente disminuida tendía a ser o bien condescendiente con ella, o bien tener un trato abusivo hacia ella, pero no la trataban como a una persona normal que era y que se sentía.

Su enfermedad se había manifestado después de cumplir los cuarenta años y como resultado de varios traumas, pero como la enfermedad no estaba reconocida nadie le prestaba atención, incluso hacia algunos de sus síntomas había quien se mofaba.

Uno de sus buenos amigos era Pepe, él era una buena persona que había tenido muy mala suerte en la vida, su mujer se había intentado suicidarse ya antes de ser su mujer, siendo una estudiante de instituto que le robó las pastillas a su tío enfermo de depresión.

En cuanto se sacó el carné de conducir a los dieciocho Nines estrelló el coche y todos en la familia creyeron que había sido un accidente, pero su padre supo que era el segundo intento de acabar con su vida.

Cuando Nines conoció a Pepe su familia sintió un tremendo alivio, le cedieron el testigo y creyeron que ella iba a estar mejor.

Pepe y Nines se casaron y empezaron una nueva vida, pero cuando vio que su cuerpo empezaba a cambiar intuyó lo que eso supondría, aprovechó que su marido se fue a trabajar para tirarse por una ventana intentando acabar consigo misma y con su  embarazo.

Pepe lo supo todo después leyendo el diario de su mujer, ella no llevaba nada bien el ser responsable de una nueva vida y todo lo que aquello implicaba.

Pepe también tenía una pequeña discapacidad con la que había nacido y gracias a ella le contrataban en muchas empresas.

Pero el amigo de Marta  no levantaba cabeza por la muerte de su esposa y de su bebé, desde que murieron él se había dado al alcohol convirtiéndose en un borracho callejero al que daba pena ver la mayoría de los días.

Pero como todos los adictos desarrolló un sexto sentido para saber a quién sacar el dinero, cómo y cuándo sacarles la pasta y haber sido buena persona durante unos años era un plus.

Sabía cómo usar aquella historia y en qué momento sacarla para dar pena y lástima a las personas adecuadas.

Marta no podía cargar con peso, pero aquel día necesitaba comprar algunas cosas yle pidió a su amigo Pepe que se acercara hasta el supermercado para después ir con ella hasta casa para ayudarle a subir todas las bolsas de la compra,  había comprado un montón de cosas y entre ellas algunos regalos para su marido porque su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina. 

Cuando él dejó todas las bolsas en la cocina fue cuando Marta le ofreció una cerveza y fue su primer error porque Pepe al tomarse la primera cerveza no sabía cerrar el pico, tomarse la primera era calentarse la boca y al ver que Marta había hecho compra supuso que tendría el dinero de su pensión recién cobrado.

Se tomó la cerveza tranquilamente, aguantó la charla de su amiga pacientemente, y cuando ella fue al baño él aprovechó la oportunidad para echarle mano al bolso y coger de su monedero todos los billetes y hacerle una foto a sus tarjetas de crédito.

Cuando Marta salió del baño Pepe dio un largo trago a la lata de cerveza, se excusó porque había recordado que tenía una cita con un amigo y se largó.

Lo que no sabía era que su amiga tenía un sistema de alarma en la casa con videovigilancia, porque siendo casi minusválida ya había tenido algún que otro susto de intento de robo y le tenía grabado metiendo las manos en su bolso y sacando cuatro billetes de cien y tres billetes de veinte euros de su monedero.

Marta estaba ante la duda de denunciar a aquella persona que había demostrado que no era de fiar y ser el hazmerreir de todos, pasar por un largo y bochornoso proceso en los juzgados para finalmente no cobrar nada, porque si de algo estaba segura era de que aquel pobre diablo no tenía dinero ni para mantenerse a sí mismo o callarse y tirar de sus ahorros para que ni siquiera su marido se percatase de la falta de que le habían tomado el pelo robándola en su propia casa.

¿Había sido un robo?

¿O había sido un hurto?

ELTON JOHN – Don’t go breaking my heart