Va paseando sin un destino concreto, simplemente camina y se detiene a mirar aquello que le gusta porque aún se siente turista en el lugar en el que vive, le gusta disfrutar de las calles,  los edificios, los paisajes, se fija en todo.

Reflexiona sobre mil millones de cosas que debería estar haciendo hoy y sin embargo está caminando bajo la lluvia mirando el camino que le enamora.

A veces reflexiona sobre cada «y si…» de su vida y se plantea si arrepentirse de cada paso erróneo que ha dado en sus taitantos abriles le serviría para algo cuando ya ha dado esos pasos.

En cualquier caso, sin esos pasos que fue dando nunca podría haber conocido al hombre que la ha llevado al punto en el que está ahora mismo.

En este punto de inflexión.

En el  punto de no retorno.

Ese momento en el que se dio cuenta de que ella es la única persona y la más importante que hay en su vida y no él, por más que le ame.

Debe amarse más a sí misma. 

Cuando logre hacerlo su vida irá bien, logrará todo aquello que se proponga, como antes, como siempre, como cuando no era una persona anulada.

Mirando el tiempo pasar reflexiona sobre un montón de cosas.

Se mira en cada reflejo que le da oportunidad el paseo, un escaparate, una ventana de un choche y mirándose a sí misma se siente cada día más cerca de ser la mujer de sus sueños.

WEEZER – Island in the sun