El viento se enreda entre las ramas de la higuera, llueve como si el cielo estuviera enfadado con la tierra, el aire suena  haciendo que haya mil silbidos entre el silencio que reina a la puerta  del cementerio.

A ella le gusta el cementerio, suele ir a visitarlo, aunque no tenga a nadie allí.

Todas sus casas desde la casa familiar a la que reside ahora han estado cerca de un cementerio, podía verlo desde su habitación desde pequeña.

Hay quien le dice que un cementerio tiene malas vibraciones, pero ella  sólo siente la paz que los que allí residen tienen.

Marcharon dejando sus cosas arregladas algunos, otros se fueron por sorpresa, algunos se han encarado a la parca para regresar con más ganas de luchar por vivir.

El viento ruge, es cálido para la época del año en que estamos, la primavera se abre paso entre las grandes gotas de lluvia y el lento discurrir de los días.

Todo pasa.

Nada queda.

Ni siquiera la tormenta que le ha calado hasta los huesos a su regreso a casa, nada que una buena ducha no pueda arreglar.