La radio sonaba mientras iba haciendo algunas cosas por casa antes de salir a trabajar, el locutor presentó una canción que se llamaba “Corre, corre, corazón”, según la fue escuchando pensó que contaba justo lo que les estaba pasando, según los compases de la canción avanzaban ella se desmoronó.

“Corre, corre, corazón, pero vete ya, que mis lágrimas jamás te voy a dar, han sido tantas despedidas ya… lo has hecho ya una vez más…”

Mientras sonaban los ecos de la letra en su mente no podía evitar darle vueltas y vueltas a la cabeza, sus pensamientos desbordaban sus sentimientos, no le daba ya más de sí la cabeza para seguir pensando, su mente iba tan deprisa que paró de hacer las cosas que normalmente hacía para tomar notas, hacerse un esquema de una carta que quería enviarle.

Hacía tiempo que las cosas no iban bien entre ellos, sabía que él le era infiel, le había visto con ella por las calles, aunque se lo negase y le dijese que era una amiga.

¿Con cuántas amigas camina la pareja de una por la calle cogida de la mano de otra persona? Era patético cómo usaba las excusas más estúpidas para intentar colarle goles por la escuadra cuando no era discreto en su romance, pero es que este era el romance que le había hecho perder la cuenta de cuántas veces le había pillado en renuncios, si es que era tonto.

Había configurado una alarma en el móvil para no retrasarse en la hora que debía salir cada día, para que no le pillase el atasco, pero aquella canción había removido algo en su interior, su alma estaba rota por aquel tipo egocéntrico que no era capaz de mirarla y verla.

Llamó a la oficina y dijo que no podría ir, que la noche del domingo había comido algo que le había sentado mal y que no iría a trabajar el lunes.

Cogió unos cuantos folios de la impresora y se sentó en la mesa de su despacho, empezó a escribir con su pluma:

“La verdad es que no sé muy bien cómo decirte todo lo que me haces sentir muchas veces al día, no sólo  ahora mismo, lo que sí te puedo decir es que otra vez me has decepcionado.

Una vez más, entre cien de cientos, me has roto por dentro, como persona, como mujer, como esposa y compañera y has vuelto a humillarme.

De nuevo me has hecho que sienta que el desprecio que sienten los demás por mí es cosa tuya, porque con cada problema que tenemos en lugar de afrontarlo con madurez, te vas a criticarme como si tuvieras trece años, así que otra vez me has destrozado.

De verdad que no sé cómo te lo montas para hacer lo que haces con una persona que no hace otra cosa más que amarte e intentar  reconducir una vida en la que te has empeñado en emponzoñarte y dejarte mangonear por quien ya no debería estar ya en tu vida.

No deberías dejar que te presione la persona que te dejó abandonado y te dejó  a tu suerte… y por todos estos motivos deberías recordar que te he estado diciendo muchas veces  “esta es la última vez” y que jamás me escuchas, jamás me haces caso, y por eso esta es la vez que me voy, esta es la vez  en la que me he cansado de soportar tus mierdas, de tus ataques de celos velados en los que al final tengo yo la culpa, me he cansado de tus reproches, y me he cansado de ser yo siempre la culpable de todo lo que te pasa,  de que todo mal que pueda acontecer en tu vida lo hago yo por norma y  todo lo que te rodea es por mí.

Todo lo malo, claro, jamás me dices nada bueno, ningún halago o una felicitación. 

Al final he llegado a una única conclusión posible que podría llegar, que nadie se merece esto, pero desde luego quien menos se lo merece soy yo, que te he demostrado un amor infinito e inconmensurable, y por eso voy a poner tierra de por medio, toda la que pueda.

Hay una única cosa que puedo hacer para sentirme mejor, decirte adiós  a esa falsedad que tuya que manejas, adiós a las mentiras que me cuentas y crees que no te pillo, adiós a las conjeturas prematuras que sacas, quizás no te lo digo pero lo sé todo desde hace ya tiempo, sé de tus juegos y tu doble vida, de tus tejemanejes y tus líos, de tus mentiras y tus historias.

Pero recuerda que no se puede, o no se debe,  empezar nada con nadie mientras estás con otra persona, porque a eso se le llama solapar relaciones, y a quien esté dispuesto a tragar con eso o es muy tonta o es muy lista, si es muy tonta ya sabes que se la colarás más pronto que tarde, en cuanto te aburras, y si es muy lista… ya sabes que te la colará cuando el aburrimiento haga presa en ella y vea todo lo que yo veo.

A mí ya no me apresas más con tus milongas, tu melancolía fingida.

Nadie que viva en la melancolía como forma de vida va a ningún lado productivo, pero eso es algo que tu nueva engañada tendrá que descubrir por sí sola, yo no la voy a ayudar aunque ella me haya ayudado a quitarme la losa que representas para mí.

Te dejo.

Creo que es injusto que me seas infiel, aunque creas que no lo sé tengo que confesarte que sí lo he sabido desde la primera vez, y que me las he callado, aunque te las he devuelto. Todas y cada una de las veces, con intereses, como los bancos pedazo de cerdo.

Si tú has podido solapar una relación durante el último año conmigo y otra mujer debería decirte que no tienes el monopolio de la deslealtad y “te dejo” al revés se dice “jódete” así que date por jodido, que yo he encontrado a una persona que es serio de verdad.

Esa persona me mira y me ve.

JESSE & JOY – ¡Corre!