Cuando yo era pequeña no existía eso de la crisis, simplemente se valoraba mucho cada peseta que entraba en casa, mi padre ganaba 27.000 pesetas de entonces.

27.000 pesetas serían hoy unos 180 € por redondearlo, para que os hagáis una idea con ese dinero más el que aportaban otros miembros de la familia, se pagaba cómodamente la hipoteca, el coche, se vivía holgadamente, y nos íbamos de vacaciones cada vez que yo tenía vacaciones en el colegio, más o menos es como relata CUÉNTAME CÓMO PASÓ, una serie que lleva ya 20 años en TVE1, contándonos cómo era la historia de las familias medias en la España de los años 70’s, 80’s y 90’s, la política, la sociedad, la cultura. 

En mi casa cuado llegaba la comida a la mesa me decían frente al plato de lentejas “si no las comerás hoy las comerás mañana, nada de dejarlas”.

En mi casa no se dejaba nada en el plato, y no se tiraba nada.

Todos en casa arrimaban en el hombro para hacer de todo en casa, mi abuelo se levantaba y el primero para despertarme prepararme el desayuno y llevarme al colegio.

Mis padres cada uno se iba a su trabajo, tenían un rol en casa, para vernos después a la hora de la comida con lo que mi madre hubiera guisado o incluso con lo que mi abuelo hubiera hecho y, ¡qué bien guisaba mi “Abu”!

Desde luego todos colaboraban, barrer, fregar limpiar el polvo, hacer las camas, todas eran funciones que tanto mi padre, mi madre, mi abuelo, como yo compartíamos a la hora de salir de casa dejándolo todo hecho.

Lo que sí recuerdo con cierta nostalgia eran las ensaladas en las que metían cebolla, o la cebolla que se metía en todos los guisos y que yo insistía en que picaba y mis tres mayores me decían que eso era imposible porque ellos usaban “cebolla para niños” que era de una variedad especial que no picaba que se cultivaba en el pueblo del que era mi abuelo.

Gracias a aquellas mentirijillas, con las que creo que todos hemos crecido, hoy como de casi todo, bueno menos apio y oricios.

Gracias a lo que me enseñaron mis mayores pude enseñar a mis pequeños a comer casi de todo, porque una dieta variada es la base de un cuerpo sano.

La mayoría de los pilares de nuestras cadenas alimenticias se basan en las carnes, los lácteos, las harinas, los azucares y otros tantos productos que al entrar en cadenas masivas de producción automáticamente pasan a corromperse.

Es extraño que sea más barato un producto de los llamados ecológico o biológico que tiene cero tratamientos con plaguicidas y no está corrompidos, a los que sí están tratados con todos esos productos que los encarecen, supuestamente. Será que soy una inepta, claro.

Y es que después de ver que un tipo tira corderos como si fueran sacos de cemento unos sobre otros ya no sé si es tan lícito comer bebés de cualquier especie, o fetos no natos como lo son los huevos.

Y más cuando la Madre Naturaleza nos ofrece en su riqueza tanta variedad de comida que nos mantendría sobradamente.

Quizás seguimos comiendo lo que nos han enseñado, en la forma que nos han enseñado por costumbre, me explico, comemos lentejas con su chorizo, su morcilla, su panceta y un hueso de jamón porque no hemos sido enseñados a cocinarlas de una forma alternativa, sin carne, solamente con vegetales.

Yo por más que me gusten ciertas cosas… estoy empezando a plantearme la continuidad de ciertos cambios que ya inicié hace unos años.

Por ejemplo, dejé de consumir azúcar y harina.

Ahora inicio la batalla a la sal, esa sí que va  a ser dura, pero Salud manda.

HOY NO HAY CANCIÓN 😉