El hombre del alma triste solía usar como recurso las bromas para que nadie supiera de la profundidad de su melancolía, usaba el sarcasmo y los chistes como  capa para hacerse invisible ante quien pudiera sospechar que estaba roto y a la vez para  sacarle a todo el mundo lo que él ya no tenía.

Él ya no podía sonreír porque alguien se llevó su alegría. Venus era su alegría.

Pero aún así nadie le ha visto poner mala cara, dar una mala contestación a ninguna de las personas de las que le rodea, bien sea en el trabajo o entre sus familiares, entre la gente de su ciudad o entre sus vecinos.

Usaba su sonrisa como los barcos usan la bandera.

Era su seña de identidad.

Los momentos tristes se los guardaba para los paseos que daba los domingos por las tardes, tardes que las familias pasan juntas, pero él no tenía con quién pasarlas y se iba a un rincón a recordar momentos en los que fue feliz.

A veces regresaba a algún rincón donde la felicidad quiso sonreírle con su musa, a veces simplemente vagaba hasta que la noche hacía que fuera incauto continuar caminando por lugares inhóspitos.

De vez en cuando lanzaba un anzuelo, como quien lanzara una señal, una sonda entre mujeres a quienes si mostraba una lánguida sonrisa y mostraba la  tristeza que había tras su mirada, era una extraña técnica que había desarrollado como cazador.

Olía las posibles presas a kilómetros.

Detectaba las debilidades de esas mujeres con una mirada, quizás algo en su aroma, quizás algo en su forma de moverse, quizás algo en su forma de mirarle en cualquier lugar, quizás algo en la forma en que se expresaban en los primeros minutos que tenían un primer contacto.

Podría darse en un cruce de miradas en un ascensor, en una frutería, o en el mostrador de correos, el dónde no tenía importancia, lo importante era calar en aquella mirada para que ellas le recordasen.

Porque él las detectaba sin margen de error.

Buscaba un tipo de mujer a la que poder moldear y para eso era imprescindible que acabase de salir de una relación, porque era en ese momento cuando eran más frágiles y maleables.

Fue así como conoció a Mabel, porque ella se fijó en sus ojos y reconoció su profunda tristeza porque ella también estaba triste, cuando él vio que despertaba la ternura en sus ojos le sonrió y decidió regresar a la hora en la que aquella mujer cerrase la farmacia.

La siguiente semana estuvo merodeando por allí para ver por dónde vivía y la siguió desde su trabajo a casa y se hizo en encontradizo un par de veces en ambos sitios.

A la primera no reaccionó, pero a la segunda sí, se dejó llevar y tomaron un café en un bar cercano, en unas semanas aquellos cafés se habían convertido en una costumbre.

Charlaban sobre sus vidas.

Mientras ella creía que le contaba a un buen tipo su vida, aquel tío lo que estaba haciendo era tomar buena nota de cuáles eran los puntos débiles de su mente y cuáles los fuertes, así poder luchar contra lo que le pudiera entorpecer para doblegarla.

Cuando él hablaba sobre su vida contaba que había sido una víctima de todas sus relaciones, de su madre que lo abandonó, de su abuela que lo maltrataba, de su tío que le pegaba, y de cómo un día su madre regresó con un papá para él, pero era muy tarde porque ya no era un niño, ahora era un chaval, fue entonces cuando tuvo que aprender a vivir con hermanos de la madre y un padre que le discriminaba.

A los dieciséis años le pusieron a trabajar porque no aprobaba el curso.

En cuanto pudo se fue de casa.

Se casó con la chica del barrio que peor le caía a su madre, era gorda, basta, burda, una copia de su madre, pero él nunca elegiría una mujer rubia, elegía mujeres opuestas físicamente.

Pero su mujer le fue infiel con su mejor amigo y también se sentía víctima de ella.

Mabel era la primera morena con la que salía así que al mes de acostarse con ella empezó su técnica de cambio de aquella mujer diciéndole que le quedaría mejor el pelo más largo, un corte más juvenil, que un tono más claro dulcificaría sus facciones, le dijo, cuando el trasfondo de la frase era que le quitaría años.

Unos días después se dio un baño de color para empezar una metamorfosis y en un año Mabel empezaba a ser una burda copia de la única mujer que él amaba.

Era la mujer que él jamás iba a mencionarle, pero cuando la había llevado a su casa y él se había metido en la ducha ella había aprovechado para curiosear en la cómoda y en los cajones de las mesillas de su habitación.

Lo que encontró la hundió porque Mabel ya estaba enamorada de él, vio fotografías impresas que parecían capturas del perfil de Facebook de otra mujer, vio que guardaba lencería de ella y otros objetos personales.

En cuanto pudo curioseó a aquella mujer en internet y supo que ella no era rival para un fantasma, aquella mujer era guapa, rubia, sus ojos eran verdes, tenía un cuerpo de caderas y pechos generosos tal como sabía que le gustaban a él las mujeres y sin embargo ella era morena, con ojos marrones, flacucha, y sin una talla generosa de pecho.

Cuando él salió de la ducha ya estaba vestida y fingió que había recibido una llamada y tenía que marchar, el trayecto a su casa lo pasó en el coche llorando y gritando por la impotencia.

Pasaban fines de semana juntos según sus posibilidades, las guardias de su trabajo eran un incordio y además él no encontraba trabajo, aún así ella se esforzaba por ser lo que él esperaba.

Cuando hicieron medio año estaba tan emocionada por la esperanza que suponía tener de nuevo el amor en su vida que le invitó a un Spa cercano a su ciudad para que él fuera tan feliz como ella.

Pasaron un fin de semana muy bonito, hasta que la segunda noche él en sueños llamó a aquella mujer que amaba, a la única, a su Venus, a su diosa del amor.

Fue en aquel momento cuando supo que por más que ella amara a aquel hombre que ella veía como perfecto, él solamente la querría para usarla, porque amaba a su Venus.

Tenía que tomar la decisión de seguir adelante o de dejarle estando tan enamorada.

Aunque le hubiera oído decir que si pudiera volvería hasta ella de rodillas para ser lo que ella le pidiera, su Mar.

DAUGHTRY – Crawling back to you