Te encontré a mitad de un camino en el que había toneladas de un ego que no era mío, allí había islas que eran las que quedaban de algo que yo no quería y yo ya era la  conformista de mi vida y tú mi rescatista.

Cómo podía yo imaginar que ibas a ser el Mar en el que me ahogaría…

Cuando te conocí me parecías un océano verde y cálido en el que perderme buceando, el Mar del que yo todo lo quería saber, quería ver una noche estrellada contigo o que me llevaras a la cúspide de una ola contigo bravo entre carcajadas en las sábanas.

Quería bailar al son de tu ritmo, mecida por tus vaivenes, simplemente quería estar en ti.

Pero no sabía que eras alguien corriente, que lo que me decías a mí se lo regalabas a siete más porque estabas en venta para la mejor postora, lo que viene siendo una puta, pero con badajo, y no de las que se alquila por horas, sino de género masculino que cobra de otra forma, en especie, te vendías por un alojamiento, un coche, un viaje, en… no sé ni como llamarlo, ni cómo llamarte, me da asco hasta catalogarte.

Es un símil que está demasiado manido.

Y eso que no me gustan las etiquetas.

Que por entonces yo pensaba que no tenía dueño, pero me equivocaba porque tú eras tan listo como inteligente, manipulador como domador, eras a fin de cuentas el Mar, que moldea con la fuerza y la tenacidad del agua y las olas aquello que tenga delante, sea roca, tierra o yo, es capaz de moldearlo a su conveniencia, y así hiciste.

A mitad del camino de mi vida me encontré contigo y creí que era para que le dieras sentido a mi vida, mientras que estabas moldeando mi ser, mi alma, mi espíritu, mis pensamientos a tu satisfacción y yo mientras pensando que no tenía dueño… qué inocencia la mía.

Ahora ya, libre de ti, van pasando los días, las semanas, los meses, los años y yo voy cambiando ante el espejo, el tiempo no pasa en balde para mí, para nadie, para ti tampoco, yo te sigo pensando mi Mar.

Pienso en mis pros y mis contras.

Pienso en tus pros y tus contras.

Pienso en que sentirme enfadada supuso un trampolín para todo lo que he logrado desde aquel sórdido día en que sin dejarte nos dejamos, porque o había otras opciones por tus condiciones, tu cobardía, tu forma de vida y todo aquello que te gustaba.

Las maldiciones a las que me sometiste me persiguen en mis sueños, son recuerdos de los que por más que huya se me pegan a la piel desde la mitad del camino.

Y si solamente fuera a la piel… pero es que muchas mañanas habitas en mi almohada, cabrón. 

ROBIN SHULZ – Prayer in C