Alguien que ella quería, admiraba, adoraba y amaba le había dicho que quería tomar  lo mismo que tomaba ella después de oír cómo estaba de feliz y risueña, sabiendo cómo lo había pasado de mal hacía no tanto tiempo y es que todo  trabajo conllevaba su resultado.

Había pasado por una dura situación sentimental que había afectado a todos los demás aspectos de su vida, el plano laboral se había visto resentido, la familia también había tomado posiciones frente a la ruptura y, las amistades se habían alejado porque no entendían cómo era posible que alguien como ella pudiera haberse visto inmersa hasta tal punto.

Muchas veces se repetía “No le deseo  a nadie que pase por lo que estoy pasando” pero lo cierto es que cuando veía que ciertas personas que sentía como las más cercanas a su corazón eran incapaces de entender o siquiera de querer saber por qué pasos había transitado su alma simplemente desistió de tratar de explicar o convencer y se dedicó a vivir.

Se había tomado un tiempo para curarse de un mal de amores que le había roto desde dentro hasta fuera, para desarrollar un trabajo interno de recuperación.

Había leído que el tiempo del dolo, de aceptación de la pérdida del ser amado podría tomarle entre 2 meses, en el caso más corto, a 2 años en el caso más exagerado, aquellos que rozaban a los que se podrían catalogar de casos psicológicos en los que aquel que pasa el dolo gusta de revolcarse en la situación victimizándose.

Cuando se desligó de aquella maldita situación y empezó a retomar su vida y cambió de actitud frente a la vida,  desarrolló una receta propia para llevar en adelante con su vida y con  todo, y por supuesto que se la dio a aquella persona: 

  • Levántate cada día con dos pies derechos. Olvídate del pie izquierdo a la hora de salir de la cama.
  • Échale a tu vida tres pizcas de gracia, siempre será mejor ir con una sonrisa por la vida que con el ceño fruncido.
  • Nunca juzgues a nadie, porque no sabes cómo fue su camino, quizás fuera una ruta que te volviera loco si te tocase caminarla, intrincada senda, escurridiza entre los árboles mientras hay tormentas y sobre todo porque no querrías ponerte sus zapatos para ponerte sus zapatos, no sabes si serán de tu talla, si eran de tu estilo o si eran de 15 centímetros de tacón.
  • Échale trece sonrisas a la vida antes de levantarte, no olvides que el número trece es un número mágico.
  • Al día, siempre hay que agregarle  cuatro jarras de optimismo, que ya vendrá el pesimista de turno a fastidiárnoslo.
  • 12 cucharadas soperas de “tres cohonesme importa lo que piense quien no me valora” y otras 12 de “me valoro yo por encima de todo, que mi vida es mía”. 
  • Una tonelada de «a por ello» por mi tesón, aunque duela.
  •  Un poco de conocimiento y un mucho de discernimiento para entender que las lágrimas restan el sabor del pasado, para que entiendas que el pasado es ése que te ha hecho quién eres hoy.
  • Y los ingredientes secretos: canta, ríe, baila,  ama, sonríe, pero sobre todo haz aquello que te haga sentir felicidad.

Ella se decía a sí misma: “recuerda que nunca podrías haber visto el arcoíris sin lluvia, la vida no son solamente días de sol”.

Ella tras haber pasado por la peor crisis de su vida se había apoyado en cosas sencillas del día a día para resurgir de sus cenizas, para redescubrirse a sí misma y entender que la belleza de la vida está en los pequeños detalles del planeta, de lo que nos rodea y que normalmente no nos paramos a ver, a percibir como un amanecer, un atardecer, la magia del sol al mostrarnos cómo sale y cómo se esconde tras el horizonte, la contemplación de la luna y las estrellas, que todos te hacen sentir pequeños, los eclipses, y las personas buenas con las que tenemos la oportunidad de tratar y de aprender de ellos.

Es verdad que la vida nos pone frente a algunas personas que son de otra manera, que no saben qué es la bondad, que entienden la vida de otra forma.

No hay pastillas que te den la felicidad, no hay personas que nos den la felicidad, la felicidad es algo que tienes que decidir tú que quieres vivir en ella, es un estado de vida en el que cada uno desea verse inmerso, pese a la contaminación externa de los acontecimientos que nos van pasando, que son lógicos.

La pastilla de la felicidad que le pedía esa persona era una decisión, no era real, no era una pastilla que ella tragase como un tratamiento contra el dolor de algo con el desayuno cada mañana, no, era más bien una filosofía de vida que había adoptado.

KATY PERRY – Part of me