Se lo había advertido al principio, que si le fallaba le daría pasaporte.

Que si se iba con otras personas no tendría otra opción que subsistir, seguir respirando sin él, quizás más por inercia que por propio deseo, llevaba más tiempo en aquel juego del que le gustaría reconocerse y del que jamás le diría a nadie.

¡Qué triste era ver en un ser querido la cobardía!

Estaba cansada de tanto fracaso, de tener miedo, de llorar, de las pesadillas, de los sustos, del miedo, del dolor, y de aquel tipo del que huía por ser tan cobarde y estar atado a sus vicios y a sus creencias, pero sobre todo estaba cansada de sus argucias. Estaba cansada del cansancio…

Pero la cobardía unas veces le paralizaba anclándose en su cuerpo con su mente a aquel pretendido paraíso que se había imaginado a su lado, porque pensó que era la última oportunidad que le destino le iba a dar.

Y otras veces le empujaba su natural valentía a salir a flote para sobrevivir, pero sobrevivir en cierto modo no era vivir.

Estaba muy cansada. Demasiado en realidad.

Lo que no imaginaba era que la otra se llamara Azar.

Y lo que menos se pudo imaginar fue que le traicionara por la herida que decía que ya no era herida, un amor que siempre dijo no era amor, pero que siempre estaba entre ellos presente.

Lo que no podía imaginar era que la otra no fuera otra, sino muchas.

No había salido de tantas situaciones complicadas para luchar con una amante tan hija de puta como ella, prefería renunciar a las probabilidades, las variables, las posibilidades y jugar con sus propias reglas en su propio juego.

Después de intentar sacarlo de un pozo del que él no quería salir ella decidió que era mejor dejarlo vivir allí, que se encargase quien él negaba y quien a él le negaba que cuando él mismo le decía que la quería ella bien sabía que eso no era ni querer ni amar, dentro del amor no entraba para ella la traición.

MARILYN MANSON – Warship my wreck