Entonces levanté la mirada al frente, sonreí al futuro, a Él, sabiendo cómo había sido el pasado, usé un pintalabios rosa porque el rojo me parecía demasiado obvio pero mi sonrisa era veraz. Y sus ojos verdes también lo eran, eran la mirada del amor.

Por lo visto hay estudios que dicen que en épocas malas los pintalabios rojos son los más vendidos, pero también hay quien dice que una mujer se pinta los labios para indicar que está disponible y dispuesta.

Saqué del armario ropa normal, nada de galas para ir a matar como si saliera un sábado de noche a un sitio decrépito a ver qué pillaba en el mercado de la carne que olía a muerta, yo no soy ese tipo de persona, ni ese tipo de mujer

Eché un último vistazo al reflejo que me devolvía el espejo y aunque no me gustaba, ni me reconocía, tuve que hacer un ejercicio de fortaleza para salir a dejar perplejo al mundo con mi brillo pese a que algún bastardo se había permitido el lujo de difamarme, aunque yo hubiera sido la única persona que había luchado por él en toda su miserable existencia. 

No me gustaba porque alguien podrido por dentro había intentado que sus esporas germinasen en mí, por dentro y por fuera, en mi mente y en mi alma, pero yo soy de otro tipo de personas a las que él está acostumbrado a tratar, nunca podría ser una mujer de las de pago, yo soy de verdad, original, inimitable y con una paciencia limitada para ciertas cosas, sobre todo para la mentira y para la coacción.

Respiré profundamente y como si de un mantra se tratase me dije al agarrar el picaporte de la puerta de mi casa:

  • Recuerda que no debes darle a tus enemigos ninguna idea de cómo estás, estés bien o estés mal para ellos siempre deberás estar mejor que mejor. Pero sobre todo mejor que cuando ellos estaban a tu lado y eran pretendidos amigos

Entonces salí al mundo con ganas renovadas de llenar mis pulmones del fragante aire libre que me enamoró cuando llegué al paraíso. 

Salí pisando fuerte. 

Salí pensando que era un gran día para pasar página, cerrar el libro, clausurar la sala en la que había estado leyendo capítulos de mi vida en los que el fracaso y la pena eran los protagonistas y no yo, incluso podía cerrar aquel edificio en el que había estado escribiendo todo aquello que me había devorado por dentro. 

Podía tirarlo abajo sin miramientos y hasta los cimientos. 

Porque estando yo ahí y estando bien podría levantar un nuevo edificio, con estancias preciosas, más luminosas, colocar libros nuevos en estanterías estratégicamente ubicadas. 

Libros que no dejaría que nadie escribiera, que yo decidiría si escribía a mano o a pluma, a lápiz para después pasarlos a limpio en brillantes colores, con ilustraciones que dejasen a todos boquiabiertos. 

Y cuando regresé me encontré con que me habían robado, así que quizás la primera hoja del nuevo libro iba a comenzar con un robo que no iba a denunciar porque la seguridad de mi apartamento no había detectado al ladrón, pero tanto él como yo sabíamos quién era y por qué había estado allí

Después del presunto amor viene la rabia, pero no imaginé que viniera el allanamiento de morada, ni un robo, ni los insultos en las calles y en las redes sociales, cada uno empieza como puede o como sabe y termina como es

Después por parte de quien puede llega la parte que más calma da, ignorar al otro, el olvido.

Hay quien prefiere el odio, la rabia, porque al menos es un sentimiento, pero cuando se topan con la indiferencia, con el olvido se ven desarmados y sin argumentos, se ven sin saber qué hacer porque no tienen alegatos posibles para seguir reclamando algo que saben que ya no es suyo por más que tiren del victimismo, de la rabieta, del acoso, del correveidile, y del absurdo de manejar a pobres tontos que no han visto pero creen y se dejan manipular, pero la manipulación tiene fecha de caducidad cuando se encuentra con el muro de la indiferencia, la muralla de la indolencia que ellos mismos crearon, y un fuerte en el que he estoy aprendiendo a vivir y en el que olvido selectivamente a quien ya no deseo, y por supuesto no quiero y jamás amé.

Entonces el mantra vino a mi mente y me salvó de entrar en la espiral en la que otras personas me habían enseñado a entrar. 

  • Recuerda que no debes darle a tus enemigos ninguna idea de cómo estás, estés bien o estés mal para ellos siempre deberás estar mejor que mejor. Pero sobre todo mejor que cuando ellos estaban a tu lado y eran amigos. 

Recordé que no soy responsable de los actos de nadie. 

No puedo ayudar a quien no quiera ser ayudado. 

Y qué cada uno se revuelca por la mierda que ya antes le salpicó tanto como desee, esa mierda de la que antes se quejaba y renunciaba, esa mierda de la que tanto se quejaba y decía que apestaba, pero a la primera de cambio va a chapotear en ella como un crío en un charco con botas de agua, quizás siga siendo un niño, el eterno adolescente que se niega a crecer y mucho menos a madurar

Pero yo sí he crecido, sí he evolucionado y me he dado cuenta de que mi responsabilidad es sobre mi vida y que no me puedo atar a alguien que quiere seguir anclado en un juego y que me suponga un lastre

A fin de cuentas yo construyendo mi nuevo lugar especial para escribir siempre podría repartir mis buenas vibraciones y mis intenciones allá dónde sí se me quisiera escuchar y tener en cuenta y no dónde no se me había despreciado y humillado.

Él tomó mi mano entre las suyas, fuertes y grandes y me dijo que el pasado pisado, que nadie que hubiera sido capaz de robar, humillar, despreciar, o peor aún chantajear era digno de otra cosa que no fuera el olvido y la indiferencia, y ahí estoy, repitiendo mi mantra porque mi Señor lo dice y yo soy suya.

BEACH BOYS – Good vibrations