De repente le dieron las tres de la mañana hablando con el amor de su vida otra vez, él no estaba allí, hacía años que no estaba allí.

No era  amor por lo que le hablaba, no lo era ya, quizás no lo hubiera sido jamás. Estaba convencida que él no la amó jamás porque alguien que ama no es egoísta y defiende aquello que ama, y jamás miente a quienes ama, y él jamás tuvo nada de esas tres características con ella.

Mentía para todo.

Era egoísta en todo.

Y jamás la defendió cuando la trataron mal en su presencia.

Por todo esto y por otras muchas cosas más ya no oía aquel aleteo que solía oír cuando la pantalla del teléfono se iluminaba y su foto estaba en ella, cuando al principio él la llamaba y todas las mariposas del mundo movían sus alas en su en el estómago, tampoco oía cascabeles en su alma cuando él pronunciaba su nombre desde que le pilló en su primera mentira.

Pero sí se sentía a gusto mientras hablaban, aunque fuera un monólogo en el que ella le repetía incesante lo que había pasado, lo que podría haber sido y no fue y sobre todo con lo que soñaba que podrían haber llegado a ser.

A ella le gustaba la forma que él tenía de ver la vida, y se repetía que gracias a sus constantes cagadas, las que se empeñaba en negar y tapar, ella se volvía más analítica y deductiva, más selectiva y precavida, pero sobretodo más egoísta para poder ir por caminos seguros hacia donde ella quisiera.

Hasta que un día las mariposas que ya no sentía por dentro le salieron por fuera y las utilizó para volar lejos de él, lejos de sus recuerdos, y poco a poco se olvidó de hablar con su fantasma y de alimentarle, porque los fantasmas los alimentamos nosotros con nuestros recuerdos.

Fue entonces cuando para sobrevivir lejos de la inmundicia que le suponían aquellas conversaciones a las tres de la mañana empezó a tener sueños a las cuatro de la madrugada en los que se reía.

Un día un nuevo casi amor se enfadó y quiso volver con alguien que pertenecía a su pasado, a aquella malvada mujer enferma de celos le contó todos sus secretos incluido todo lo que se suponía que no debería contar sobre él y cuando el nuevo amor decidió regresar con ella la malvada fue en busca del hombre de las mariposas y le contó todo aquello que él no sabía desde que ella había volado.

La traición que aquella mujer vieja y amargada esperaba no supuso lo deseado, sino la felicidad para empezar su vida justo donde la había dejado cuando él se cruzó en su camino sólo para darle una lección a ella porque la pilló poniéndole los cuernos, pero cuando una mujer trabaja en el mundo del sexo no son cuernos, simplemente está ejerciendo su profesión.

Al paso de las semanas las conversaciones la llevaron al amor de su vida otra vez, dejando atrás ilusiones pasajeras que jamás serían otra cosa que un juego a tres bandas.

IMAGINATION – Just an illusion