Estaba haciendo la mudanza, preparaba  lo que se llevaba y descartaba lo que iba a tirar o lo que tenía que organizar de otras maneras, por fin la vida le había sonreído y se iba de allí.

Llegó a una caja al fondo del desván y la abrió sin recordar ni qué era ni cuál era su contenido, apenas había levantado todas las tapas de la caja cuando todos los demonios que residían en ella salieron para atenazar las lágrimas que no salieron en su momento.

Eran las cosas, las pocas cosas que le quedaban de una pareja con la que apenas compartió unos meses, él se había comportado muy mal con ella, la había mentido desde el principio y la había utilizado en todo momento y ella quiso creer en aquella relación, pero finalmente tuvo que decidirse por sí misma, no podía consentir que un tipo así se llevara por delante los años que la quedasen.

Le dejó cuando descubrió que estaba enganchado a una mujer y a otro vicio que podría llevarse lo poco que había logrado en la vida, pero unas semanas más tarde de invitarle cordialmente a salir de su vida supo que se había colgado de una viga al amanecer y no pudo devolverle algunas cosas que habían quedado en su casa.

Jamás tuvo valor para enfrentarse a la familia y devolvérselas porque como buen adicto él habría contado todo tipo de mentiras sobre la ruptura, la adicción subsiste gracias a las mentiras.

Las lágrimas caían por sus mejillas en el polvoriento desván, el tiempo no había apaciguado aquel dolor que le había producido su traición, sus mentiras.

Recordaba las últimas palabras que le había dicho en un mensaje:

“De verdad que te miro y no me puedo tragar los sentimientos que me despiertas de pena y asco, te veo viejo y solo, esas cosas que haces y no deberías hacer te están consumiendo desde dentro, pero no es tu vejez la que me despierta este sentimiento que te digo.

Me das asco porque ya eres un viejo, pero tienes la mente de un chiquillo de catorce años, no eres un tío  maduro, lo que veo en tu mirada es que eres un tío que no ha querido crecer, que se niega a evolucionar, estás atrapado en  una prisión de gente decadente y desesperada que no podían dejar de  creer en que la suerte les iba a traer una vida mejor y tú te lo creíste también. 

Estás perdido en unas creencias que ni siquiera son tuyas, de gente que no pueden avanzar con los tiempos y vives anclado al pasado.”

Fue entonces cuando él le dijo que había sido una prostituta más en su vida, otra mujer más de tantas, porque él era de los que no podía tener relaciones normales con mujeres por su timidez y solía ir a cierto tipo de locales, pero ella no era de ese tipo de mujeres.

Tras leer aquello jamás volvió a responder una llamada, un mensaje o una de sus cartas en las que obviamente pretendía reconciliarse con ella, pero reírse de una mujer tiene ciertos límites.

Al poco de terminar aquella tormentosa relación y sin saber que él había muerto ella comenzó una relación con otra persona que le apoyó en todos sus proyectos y eso con el tiempo había supuesto que le llegaran nuevas ofertas que al final no pudiera rechazar.

Contrató una empresa de paquetería para que entregasen aquellas cosas en aquella casa en la que él se había criado y a la que no regresaría jamás.

RUSSIAN RED – We will rock you