Te vi como te perdías en tenebrosos caos durante horas interminables, laberíntica pasión por algo que no existe para mí, ni para muchos mortales que no entendemos eso por lo que tú mueres apasionadamente, porque la vida es otra cosa. 

Te vi como te vendías como una puta, porque llegados a este punto hay que decir las cosas por su nombre, por un trozo de nada vendiendo un alma que ya ni siquiera posees. 

Vi que en ti no quedaba ni rastro de conciencia y eso hacía de ti poco más que un pedazo de carne inservible, peonaje que olvidaba las instrucciones si se las cambiaban y por eso estabas en la última parte de la cadena, eras el último eslabón. 

Vi como te autodestruías, por dentro como por fuera, porque vivías sin ganas al no poder hacer aquello por lo que deseabas estar en el mundo. 

Te vi perder todo lo que supuestamente amabas, pero fue peor aún verte perder a todos los que te amaban, perdiendo tu identidad en pro de tu adicción.

Y es que un adicto no ama nada, no ama a nadie, sólo ama a lo que le mantiene despierto y le hace feliz: su adicción. 

Te vi ahogar todos y cada uno de tus sentimientos, porque era más importante la adicción, mientras ellos te machacaban porque algo de conciencia debía quedar en ti mientras tú la ahogabas con tu maldito vicio

Había que eliminar aquello que te recordase que fuera de ella y tú había una vida, ¡fuera el maldito hábito de sentir! ¿Quién quiere sentimientos? A fin de cuentas, son los que hacen a la gente débil. 

Te he visto morir de la tristeza, volcándola en papeles que no salieron del gusanillo de un cuaderno lleno de cartas inconclusas, que jamás llegaron a su destino.

Te he visto convirtiéndote en un simbionte que se transformaba según a quien te acercases.

Pero siempre que te acercabas a alguien era pensando en qué le podías sacar, en sí le podías decir que te dejase algo para lo tuyo. 

Y te he visto acusar a gente de cosas que tú también habías hecho, pero en mucho mayor grado. 

He visto la pena tatuada en tu mirada por no lograr algo que es una falacia, y cada día queda más patente en esta sociedad de hoy en día.

Y también te he visto marchar de un hogar que podría haber sido y no fue, y que no habrías diseñado ni en el mejor de tus sueños, mientras la mujer que ni en el mejor de tus sueños podrías haber soñado lloraba porque no había sido suficiente para sacarte de un pozo en el que no te había metido y del que tú no querías salir se quedaba vacía con la sensación de que podría haber hecho más, pero tú sólo querías seguir haciendo lo que haces.

Jamás te vi llorar, jamás vi en ti la rabia ni el empuje del que quiere luchar, del que tiene el ímpetu de la fuerza, en ti solo vi el pasado abrazado por la mentira caminando hacia un incierto futuro del que se cree ganador mientras el mundo le sabe perdedor.

Te he visto abrazarte a la cobardía y a tu pasado mientras ambos pisoteaban a la persona que yo más amo y amaré en mi vida, pero ¿quién era yo para ti?…

A fin de cuentas, yo sólo soy la mascota de la casa, la que está cuidando de mi madre que también es mi hija, mi reina y mi reino. 

Yo he sido el mejor testigo de todo aquello que ha pasado aquí, y no sé nada de los rencores de los humanos, yo sé de amor y de fidelidad

Yo sé de cómo me trató desde que llegué a su hogar esta mujer que daría la vida por mí y que llora demasiado últimamente. 

Que me mira con tristeza, pero que en esos ojos suyos sí veo el empuje, las ganas, el arranque… lo que no vi en ti.

Yo capto muchas palabras, no todas, pero capto el olor de la piel de mi madre y sé que nunca mereció un trato como el que ha recibido

Si pudiera hablar te diría esto y mucho más, pero no sé, y cómo me debo a mi papel de fiel amigo del ser humano seguro que si nos vemos hasta mi rabo te hace unas fiestas, por eso te libras cobarde

BRITNEY SPEARS – Toxic