Ya sé que es más fácil decírselo a un amigo, o a una amiga, que repetírmelo a mí misma hasta convencerme, hasta que me lo crea de tal forma que lo ponga en práctica, pero se lo repetiré al sol en cada amanecer y en cada puesta hasta que me devuelvan el eco de mi voz, se lo diré a las olas del mar hasta que me digan que me han escuchado con sus susurros envolventes, se lo diré a las sonrisas inocentes de los niños a ver si se me pega algo de su inocencia.

Me lo repetiré como si fuera un mantra, cada vez que me mire al espejo o me vea en el reflejo de en algún cristal, paseando por la calle, o en un escaparate… da igual, no dejaré que la opinión de nadie sobre mí me afecte nunca más otra vez, soy bella, soy bella, soy bella.

Soy lo que soy pese al paso del tiempo y gracias al paso del tiempo y a lo que hice con ése tiempo.
Me lo diré hasta que me vea capaz de hacerlo, porque me quiero ahora más que nunca, más que antes.

Me lo repetiré porque lo que tú has despertado en mí una parte que de mí que alguien había intentado hacer pequeña a base de insultos, humillaciones y vejaciones, y tú con tu forma de tratarme y esas cosas que me dices  me haces sentir más valiente de lo que me he sentido en años y voy por la vida con mi sonrisa por bandera allí donde voy.

Repetiré lo que veo que haces al despertar, porque aprendo con el ejemplo como si fuera una niña, ahora que me doy cuenta de que he estado haciendo muchas cosas mal y es hora de desaprender lo aprendido.

Durante años, décadas en realidad, me han enseñado a querer de determinada forma, pero me doy cuenta que ese tipo de amor oclusivo que he estado teniendo y ejerciendo, más bien padeciendo durante años no es el adecuado.

Aquellos amores en los que se hablaba por mí y se me controlaba, amores en los que los celos, aún de tapadillo, eran una parte de la relación y no la confianza o el respeto, la lealtad o la fidelidad no eran amor sino una jaula, amar es compartir sin atar.

Pero yo vivía en amores en los que se me usaba y se me utilizaba y aún así se hablaba de mí a mis espaldas como si fuera la creadora del averno cuando era la persona que luchaba por lo que creía, y de verdad que creía  en lo que se me había contado, cuando las historias nunca, nunca jamás tienen una sola versión, que yo más que nadie sé que tienen al menos seis.

La mía.

La suya.

La de su parte, familia, amigos.

La de mi parte, familia, amigos.

Y la parte que dictamina.

Y entre medias están esos seres “que ni pa’ti ni pa’mí” que no van a ningún lado sus opiniones pero nos joden a todos, vecinos, tíos, amienemigos, gentecilla y gentuza que tiene muchos cojones por detrás pero que cara a cara se les traba la lengua cuando la honestidad les planta cara y les llama por su autentico nombre.

Fue en alugn punto del camino que alguien me enseñó la cara más oculta de la palabra traición y me perdí a mí misma, perdida en lo que creí que era amar con locura, pero es que no existe eso de amar con locura, existe el amor con respeto, con libertad, con lealtad y valentía, defendiendo un proyecto común futuro que no puede ser corrompido por nada ni nadie del exterior.

Son estos valores los que me han parecido desde siempre los pilares que sostienen las relaciones duraderas, el respeto, la confianza, la lealtad, el amor, la fidelidad y frente a estos valores no caben los celos o cerrarle el camino a la persona presuntamente amada si hay amor de verdad.

Ahora que creo entrever ese amor en alguien que toma la decisión de ser feliz cada mañana, me doy cuenta de que había ido perdiendo esos valores al ir tratando con personas distintas a las de los valores sociales que tanto defienden en mi familia.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero también sé que él va a estar férreamente a mi lado para ayudarme a ver desde hoy y mañana y para nuestro futuro claramente lo que ahora entreveo.

Yo sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero también sé que no vivo de forma común y que no soy alguien ordinario, así que voy a lograrlo.

RED – Ordinary world