Leí una frase que decía que “no pueden obligarte a amar, ni tú puedes exigirlo. El amor llega cuando quiere y se va cuando quiere”, pero a mí la vida me ha enseñado que el amor tiene vida propia en la vida de cada uno.

La vida es una. 

Y a veces es muy hija de puta, no hay otra forma de decirlo y menos de suavizarlo, pero eso es algo que descubrimos con los años a veces, con los golpes en ocasiones. 

A veces creemos tenerlo todo y de un plumazo se borra ese “todo” borrándosenos  la sonrisa para siempre. 

Es entonces cuando aprendemos la diferencia entre el verbo querer y el verbo amar. 

Yo he amado a pocas personas en mi vida. 

He querido a algunas personas con las que aún tengo relación y no quiero perder el trato. 

A medida he ido sumando años y experiencias también he ido añadiendo algo así como un detector de idiotas, porque si hay algo que yo he coleccionado en cierta etapa de mi vida han sido idiotas. 

La vida ya me ha demostrado que es mejor dejar que cada uno demuestre quien sí es persona y quién es solamente gente,  y a quien no cumpla requisitos le hay que permitir que continúe con su camino y se dé de golpes contra los muros, porque yo no quiero que me quieran, y menos con locura, quiero que me amen. 

Quiero un amor sincero, de esos amores  de antes. 

Si hay que estar haciendo esfuerzos para amar a la otra persona es que no funciona esa relación

Sin embargo, si las cosas fluyen de forma natural es como cuando era una chiquilla que vivía despreocupada por todo y que sólo se ocupaba del momento y de vivir. 

Finalmente puedo decir que la única persona por la que puedo preocuparme es por mí, la única persona a la que puedo controlar es a mí y en eso estoy. 

No puedo, ni debo vivir en modo policía controlando las acciones de los demás porque entonces me olvido de mí, de mi propia vida y de mi felicidad que es en realidad mi prioridad. 

Ahora lo entiendo. 

Mi mochila, mi vida. 

No puedo permitir que nadie llene mi camino con las  piedras que lleva en su mochila vital. 

Y debo ser lo suficientemente fuerte como inteligente para saber cuando liberar la mochila vital de las piedras que supongan un lastre para seguir adelante, avanzando hacia esos objetivos que me he marcado. 

Lejos de que el mundo cambie hacia dónde yo lo conocía quizás tenga que construirlo como yo lo quiero con alguien que encuentre y crea en lo que yo creo, pero esa persona va a tener que perdonarme por todas las piedras que me tienen machacada la espalda y por el tiempo que me he bloqueado a mí misma para ser feliz.

JOHN MAYER – Waiting on a world to change