Valeria fue a la playa donde por primera vez había dado un paseo con el hombre con el que había compartido su vida por unos meses, años en realidad. Quería realizar un trabajo durante la noche del solsticio de verano para poder entrar en la época de oscuridad que empezaba tras él.

Había comprado una botella azul como los ojos de aquel hombre y había metido dentro unas hojas en las que había escrito sus sentimientos, los que pensaba que le liberarían de él.

Esperó paciente a que los alterados festejadores de la noche de San Juan fueran marchando, borrachos, llenos de arena, gritando, pero ella calmada en la superficie mientras en su interior era una cascada de emociones se metió en la arena de aquella playa y se acercó hasta la piedra que la presidía en el centro.

Allí se despojó de sus ropas posándolas en un hueco de aquella inmensa piedra que era un icono de la playa, y se metió en el agua cantando un pequeño mantra que había memorizado:

Que si de amor no se muere 

De amor no se puede vivir 

Así que no me vengas a decir 

Que mueres de amor por mí 

Cuando tuviste oportunidades mil

Para junto a mí poder compartir 

Una vida de amor y ensueño 

Que cambiaste por juego

Cuando estuvo suficientemente lejos de la orilla se desprendió de la botella en la que había escrito unas palabras intentando acallar la rabia hacia aquel tipo.

<Que si de amor no se muere de amor no se puede vivir así que no me vengas a decir que mueres de amor por mí cuando tuviste oportunidades mil, para junto a mí poder compartir una vida de amor y ensueño que cambiaste por juego.

Que no se trata de orgullo, es que después de esta tomadura de pelo, lo mío, mío, lo tuyo, tuyo.

Que quiero lucir melena quédate tú calvo con tus fingidas preocupaciones. Preocúpate por lo que sabes que no haces como deberías hacer, que yo tengo la conciencia tranquila.

Yo quiero soñar, mientras tú no ves nada más allá del vicio que te tiene amarrado en todos los sentidos, pues juega muchacho juega, que yo voy a vivir, viajar, soñar, reír, bailar, cantar, y todos los verbos que terminen en -ar en -ir y en -er, porque ya pené, lloré, dudé e hice miles de cosas negativas llevada de tu mano.

Porque alguien que está metido en malos hábitos lo que hace es quejarse de lo que  hacemos los demás para evitar que las miradas se centren en él.

Pero sobre todo me voy a alejar de tu negatividad, me va a poner guapa con estar lejos de tu amargura, porque AMAR CURA, y veo que a mí la gente me ama.

Ha sido dejarte y se me acercan las personas de nuevo, como si todo fuera un nuevo comienzo, ahí  te dejo en una casa de mala muerte en algún lugar y el juego, que yo prefiero el horizonte con cada nuevo amanecer, y no la tristeza de estar sometida a tus cambios de humor por lo que cada partido pudiera suponer, una pérdida o un contrato más que estrangulara el pundonor.

Que si de amor no se muere.

De amor no se puede vivir.

Así que no me vengas a decir.

Que mueres de amor por mí.

Cuando tuviste oportunidades mil.

Para junto a mí poder compartir 

Una vida de amor y ensueño.

Que cambiaste por juego.

Que no me vengas a contar que me espías y yo te dije adiós por la ventana.

Que era un corte de manga.

O dos canalla.

Que me has estafado ya no meses sino años de mi vida.

Y eso no se perdona.

Se tardan años en pasar la rabia.

Y no me reproches que sobre ti escriba.

Que no es sobre ti, estrellita.

Que es sobre mí y mis sentimientos.

Que tú de eso andas carente.

Pues solo sabes de pasajeras emociones.

Y son las que sientes cuando ganas en apuestas.

O cuando te corres en lupanares.

Escogiendo señoritas como si de un catálogo se tratase

Que no eres ya la estrella que brilla en mi cielo.

Y eso, te jode.

Y a mí tres pimientos me importa. 

Lo que sientas ya cuando a tú no valoras.

Lo que se hizo por ti.

Que nadie más hizo.

Ni los de tu propio apellido.

Ni los que llamas amigos.

Y es que estás tan acostumbrado a las putas. 

Que cuando ha llegado a tu vida.

Una mujer de verdad no la supiste reconocer.

Una mujer a la que usaste para dar celos a una que te cobraba.

Por cada cita, hay que ser gilipollas.

Y como mujer y bruja te hago un augurio, este te lo daré gratis:

Vagarás de casa en casa sin hallar un hogar.

Nunca jamás volverás a sentir el calor del llar 

Cada vez que sientas las ganas de contacto de piel

Olerás lo que aquí dejaste y lo que tanto despreciaste

Lo que no querías decirme penarás por no haberlo dicho

Podrás follar, pero no hacer el amor con nadie por el resto de tus días

Jamás encontrarás un plato caliente que te sepa como los que aquí saboreabas.

Cada mañana al despertar te parecerá que estoy a tu lado hasta que seas plenamente consciente

A cada mujer que se te acerque la llamarás por mi nombre en cuanto empiece a quererte o peor aún la quieras tú.

Y lo que te ha llevado a alejarte de mí incumpliendo cada promesa que has roto será lo que te lleve a fracasar en todos los aspectos de tu vida.

Por cada lágrima que he llorado por ti, por cada cabreo que me has hecho sentir, por cada noche que no me has dejado dormir, por cada día que me has ninguneado, por cada día que he pagado tus malas maneras, por cada vez que alguien se ha reído de mí y tú lo has permitido, por cada vez que esa persona se ha entrometido y tú le has dado pábulo yo maldigo cada uno de tus pasos que sólo podrán ir en círculo.>

Salió del agua, se vistió y al llegar a su casa preparó las últimas cosas que tenían pendientes para su viaje.

JIM STURGESS – Across the universe