Hay un momento para partir y uno para volver.

Hay un momento para equivocarse, uno para arreglarlo.

Hay un momento para andarse con rodeos, y uno para decidir.

Hay un momento para jugar y un momento para saber cuándo ser adulto.

Está el momento pasado, está el tiempo que vendrá, y el tiempo perdido.

Y luego está el tiempo más importante: el tiempo del  ahora

Vívelo, porque el tiempo no espera al tiempo, la vida pasa, sin esperar tus tiempos y de repente te darás cuenta de que el ahora se ha convertido en pasado, que has perdido el tiempo, que tus momentos se han ido convirtiéndose  en recuerdos.

Recuerdos que se han convertido en intangibles, cosas que se te escapan, personas que ya no puedes tocar y se desdibujan en tu memoria, personas que no quieren saber nada de ti por tus malditos errores, porque no quisiste decir un “te quiero” cuando en realidad sí las querías, pero es que hay un momento para sacar a la luz cada sentimiento y saber que decirlos no nos hace menos personas ni más débiles.

Habrá una persona que pase por tu vida sin que te des cuenta de que era tu mejor opción y la dejes pasar, pensando que eras un tren y pases a ser una estación en su vidas, una en la que ni recogen materiales, apenas paran para avituallarse y continuar el viaje.

Habrá gente que pasen por tu vida para exprimirte, y no te darás cuenta de que tú eras su opción para sobrevivir y no te dejarán pasar porque te estarán sacando el jugo, serás su tren, aunque estén visitando otras estaciones cada vez que tú estés fuera ocupado.

Hay momentos para partir sin mirar atrás porque lo que te ofrece la vista desde el tren es menos interesante que lo que se pueda llegar a ver en un futuro destino llamado Felicidad al que no se sabe si se llegará, pero Esperanza nos dice que es una de las estaciones que está en el plan.

Hay un momento para equivocarse, pero no para seguir dando oportunidades como si fueran frutos que salieran de un árbol bendecido y violeta.

Hay un momento para andarse con rodeos, y eso está muy bien a ciertas edades, pero llega una edad en la que se madura, o no, y si se hace  uno ve que debe ir directo a esa  decisión que le haga más feliz, porque no importan las opiniones de los demás, ni los prejuicios, y si alguien nos enseña a salir de los perjuicios será el momento de coger la mano de esa persona para salir del mal lugar en el que estemos y abrazar la felicidad que nos supone su presencia olvidándonos del resto, del pasado, de lo que se haya vivido, de todo y volver a empezar, desde cero si hace falta, porque es necesario resetearnos.

Hay un momento para volver a un hogar que solo será una casa sin esa mitad que suponemos nosotros.

THE BYRDS – Turn, turn, turn