Duerme. Desayuna. Trabaja. Come. Duerme. Trabaja. Cocina. Trabaja. Se ducha. Revisa sus email. Mira sus redes sociales. Sale a comprar cosas que le hacen falta o que cree que necesita. Presume de tener una vida social pero no es así, se da cuenta de ello cuando aquellos con los que alguna vez quiere quedar le dan calabazas porque tienen familias, novias, hijos… es entonces cuando le dan la espalda.

Mientras está en la calle es un como un espectro que sonríe y se comporta como un muñeco que es socialmente aceptado y aceptable, pero nadie sabe qué esconde tras esa careta que cae cuando llega a esas cuatro paredes que son su casa, ésas que no puede llamar hogar, no lo puede llamar así porque su hogar está junto a una mujer a quien no valoró cuando estuvo a su lado, cuando el comportamiento que tuvo fue el de un niñato que se empeñaba en no evolucionar a hombre. Un niño consentido, grosero, maleducado que se empeñaba en ver a las mujeres como si fueran elementos de una estantería que se pudieran elegir por su aspecto físico, y no tuvieran contenido.

No tiene conciencia, él solamente tiene ansia y la reparte entre su polla y el juego.

Para la polla usa las prostitutas y si el dinero no le da utiliza su teléfono para ver vídeos, y cuando ve que su tarifa de megas en el teléfono  está al límite tira de ciertas aplicaciones, en él ha configurado lo que ha oído en el trabajo a compañeros que son buenas opciones para ligar, si por un momento fuera bueno en eso de ser sociable… pero no quiere ni tocar las aplicaciones porque ella está allí también, la mujer que no supo valorar.

Allí la ve. La observa. 

Ella siempre tuvo don de gentes, era sociable, simpática y abierta,  tenía una magia especial para hacer amigos en cualquier sitio y los mantenía por años, se hacían amigos suyos y la adoraban, y no le hacía falta follarse a ninguno de ellos tal como él solía reprocharle, aunque en su fuero interno él sabía que jamás se había follado a ninguno de esos amigos, pero se lo reprochaba porque las mujeres con las que había tratado siempre habían sido prostitutas porque era incapaz de relacionarse por su trastorno.

En realidad, ella tenía magia para miles de cosas no solo para tratar con gente, tenía magia frente a los fogones, bajo las sábanas, con su perra, frente a los libros, para llegar bailando a casa dejando la vergüenza en algún lugar mientras llegaban entre risas logrando que él fuera feliz.

Le gustaría volver a sentir esa sensación

Le gustaría volver a tener aquel subidón de adrenalina que ella le proporcionaba.

Como no quiere verla en ninguna aplicación vuelve al trabajo a ver si puede hacer más horas extras, lo único que tiene es tiempo, y no sabe qué hacer con ese tiempo, todo lo que le importa es el dinero, y además se lleva bien con los compañeros, le tienen por buen trabajador porque no profundiza en las relaciones con nadie, en ningún tipo de relación, jamás lo hizo y no lo va a hacer ahora.

Es demasiado viejo para cambiar, demasiado viejo para aprender, demasiado joven para vivir como un viejo, pero es como ha aprendido a vivir, o peor aún, lo que le han enseñado a hacer.

Se siente tan agobiado que entre café y café cuando sale de trabajar entra en la mayor red social de citas, aunque parece una de esas casas de putas a la que tan acostumbrado está, entra para verla, mira a su ex, esa mujer que pensó que podría aguantarle para siempre, lee obsesivamente su descripción y comprueba si está en línea o cuando fue la última vez que estuvo. Mira sus fotos, ella las que sube, las cambia dinámicamente, él hace capturas de sus fotografías, aunque algunas de ellas ya las tiene porque las hizo él mismo.

Es un adicto al control, pero nunca dio la cara ante ella. Hace apuestas consigo mismo a ver cuándo será la próxima vez que estará en línea y si coincidirán.

Intenta saber qué hace la que fue su mujer en los últimos años en su día a día, averiguar a partir de las horas en las que entra, qué hace o no y qué es de su vida por sus entradas.

Pero ella está muy por encima de sus posibilidades y nunca se dio cuenta, cuando Gin le dijo que le retaba a un juego de amor en el que nunca le diría que le quería hasta que él lo dijera primero, no entendió que ella no jugaba sin ser la ganadora.

Un día él ve que ella ha desaparecido y se siente perdido, no sabe qué ha pasado, se pregunta si habrá encontrado un amor, si se habrá enamorado de nuevo.

Duerme sin dormir porque no es la cama que montó con ella, porque no sabe si estará durmiendo en aquella cama otro hombre que le estará usurpando el sitio.

Desayuna mirando al tendido en una casa que no es un hogar

Son cuatro paredes en las que habita, pero no siente como suyos, come con aquellos cubiertos, en aquellos platos, fuma en el salón, pero no se siente bien en aquel lugar, folla en aquella casa, pero no hace el amor, si es que alguna vez en su vida lo hizo.

Trabaja para gastarse el dinero en cosas que no le ilusionan, ni necesita. Simplemente es un adicto que quiere algo que no puede tener.

Come, otra vez mirando al tendido en una casa que no es un hogar, no sin ella. 

Duerme sin dormir porque no es la cama que montó con ella y la suya le parece muy grande sin ella, las sabanas le parecen que tienen bolitas, y cuando por fin cae dormido aparece en el otro lado del colchón buscando su cuerpo cálido, aquel que antes despreciaba por sus kilos de más y ahora extraña en sueños.

Trabaja para ganar un dinero que no le ilusiona, porque lo va a gastar sin ella. 

Cocina platos que ella le ha enseñado y que comerá a solas, sin ella. Cuando gastaba el dinero con ella no paraba de decirle que era malgastarlo porque solamente quería usar aquel dinero en aquello que ella le reprochaba que lo malgastase y le decía que guardasen para algo que él no concebía, ni quería, para algo que era del futuro, viajar, disfrutar, y cosas que entonces no entendía y ahora añora pensar en ello, soñar con el futuro. Ahora que la extraña, ahora que no la tiene y se le va la vida sin ella.

Trabaja sin ilusión.

Pero todo lo que le queda del sueldo tras pagar sus gastos se lo gasta en el juego y eso fue lo que le llevó a perder a esa mujer, ella gana.

Ella gana.

Ella siempre gana.

Ella cuando llegó a aquella ciudad se había puesto unos objetivos que la iban a llevar a unas metas, trabajaba duro por aquellas cosas que soñaba, él jamás había visto a nadie pelear así por sus sueños, pero lograba cada cosa que se proponía.

Pero lograba todo. Lograba todo lo que se proponía, todo lo que deseaba.

Era una mujer bendecida.

Incluso cuando él había intentado hundirla a base de desprecios y humillaciones, de engaños y de infidelidades, cuando él la había abandonado aún antes de dejarlo ella se había puesto resplandeciente y más bella que cuando estaban juntos.

Su fuerza radicaba en alguna fuerza de diamante que la hacía una mujer más dura que el resto, ella tenía sus principios, sus valores, los que había usado para levantarle de sus peores días y él no quiso ver ni reconocérselo y al final ella se cansó de sus juegos y de ser el segundo plato en pro de una mujer que había trabajado en la profesión más vieja del mundo y se fue a ser feliz siendo libre, sola, haciendo lo que le gustaba.

Mientras él sigue pensando, cocina los platos que ella le ha enseñado, come y duerme en una casa que le resultan cuatro paredes y no un hogar, una casa vacía, besa y folla con cuerpos que le parecen cuerpos vacíos, y la extraña, siente que está tan vacío como su casa y esos cuerpos.

ELLA gana, él pierde.

Ella no juega con las personas, él sí.

BERET – Te echo de menos