De repente llega a tu vida una persona especial y llega en el momento adecuado, en el lugar idóneo, sientes que has encontrado una persona entre tanta gente, una persona que te hace tilín cuando ya pensabas que no ibas a encontrar a nadie, cuando ya pensabas que todo era una mierda.

Cuando más perdido te encontrabas entre una multitud la mirada de esa persona te hace sentir vivo de nuevo, te hace pensar que la esperanza no estaba perdida y que la has encontrado, que es esa persona especial la que pone de nuevo tu mundo a girar, sobre todo cuando te apoyas en su pecho y oyes sus latidos, te quedas dormido sabiendo que eso es todo lo que necesitas para dormir en paz.

Por fin hay una persona que te muestra que eso de los valores no es algo pasado de moda, que te dice que mentir no está bien, que no eres raro porque tengas valores, que ser honesto no es lo mismo que ser tontos, y que practicar la disciplina no es ser obsesivo sino tener tesón, que no tener los mismos vicios que tienen ciertas personas no significa ser aburrido porque se prefieren otras cosas, cosas de toda la vida de esas aburridas como ahorrar para poder irse de vacaciones o volver a ver a la familia que vive lejos, una persona que te dice que efectivamente  tratar con cortesía a alguien, sea hombre o mujer es una cuestión de educación, no de que quieras nada con tu interlocutor; y finalmente esa persona te da la razón con que las mentiras podrás ir muy lejos un día, pero no dos, y desde luego no llevan a ningún lado de regreso.

Te quedarías embelesado con esa persona durante horas mirando sus ojos y viendo tu reflejo en sus pupilas, y es entonces cuando sabes que con todo lo que ha pasado en tu vida esa persona podría ser tu amiga, tu amante, tu esposa, tu compañera, tu confidente y la persona en la que confiar, podría ser la persona que se vuelva un cómico para hacerte reír en un día gris y ponerle doscientos cincuenta y seis millones de colores, todo con tal de verte feliz, y es en ese momento cuando te das cuenta que has estado perdido y ahí es cuando te has reencontrado, viendo su sonrisa, encontrándote en sus caricias, esas que no buscan llevarte a ningún sitio en particular, no buscan llevarte a la cúspide sino solamente compartir momentos de ternura.

Contemplar los colores del amanecer aún sin buscar la fiereza del sexo por el sexo, compartir atardeceres en los que quedan descartados los momentos que otrora eran la rabia se pagaba con otras personas, la furia que es el resultado inevitable del resultado de  tardar demasiado tiempo en hacer la cuadratura del círculo que te llevó a saber ciertas cosas que a otros les resultaban obvias.

Ahora, el reflejo de lo que ves en esas pupilas que quieren dejar un mal pasado atrás, como lo fue el tuyo, te dice que es mejor tener un buen comienzo desde cero, dejando todo lo cosechado en el pasado atrás, y que aquello no fue otra cosa que una mala cosecha que no puede ser la base para un buen  principio.

Sus alegatos indican que el mejor principio es dejar de hablar de quienes no valoraron lo que tenían en el pasado  y por eso ya no están en el presente quedándose sin un futuro compartido.

Y es que al final tu alma se da cuenta de que la conclusión a la que ha llegado la persona que tienes enfrente es que los ecos del pasado al final se deshacen en sus propios cantos y que si uno se empeña puede seguir a quién desee hasta donde nace el arcoíris, mientras el reflejo de sus pupilas nos devuelva la esperanza que nos marcan sus latidos que nos dan la propia vida al dormir y al despertar a su lado. Y finalmente su conclusión se apodera de tu alma y te dices… ¿qué demonios? ¡vamos a vivir y a ser felices que la vida empezó un día catorce, no un trece, no un quince!

MOSTAR DIVING CLUB – Echoes