A mi edad ya no me impresionan las caras bonitas, tampoco me dejo llevar por los cuerpos musculosos, no te vayas a pensar que no me gustan, no te equivoques, ¡claro que me gustan! que tengo ojos en la cara y el gusto sigue siendo el gusto, pero ahora lo he depurado, además de el exterior busco algo más

A mi edad lo que me apetece además de las características externas en un hombre, son las que no caducan con el tiempo, y  que vienen dadas más por sus conocimientos, su formación, su educación y su saber estar, por su situación de estabilidad emocional y psicológica, el compromiso que pueda llegar a tener ante determinadas posturas en las que la vida nos pone inevitablemente a todos y por descontado, a mí me interesa a esta edad cómo es un hombre en eso de la sinceridad, la honestidad, la veracidad, vamos, lo que vienen siendo sus valores y principios, porque sin ellos no vamos a ningún lado.

Está claro de lo que hablo, ¿no?

Si yo le cuento a un hombre, sea este amigo o algo más que amigo, un episodio de mi vida y unos días, semanas o meses más tarde oigo lo que le conté de boca de otra persona con unos aditivos de su cosecha ese tipo ha dejado de merecer todo de mi parte. Ya no cuenta para mí.

Ya sé que vivimos en el país de la pandereta y que el deporte nacional es criticar, ya sé que contar las cosas que nos cuentan es algo que se viene practicando cada día más, pero también sé que mi privacidad es mía y de nadie más. 

A mi edad lo que valoro más es una mano que me agarre mientras caminamos por cualquier calle, y un hombro en el que apoyar mi cabeza al final del día e ir a dormir, un hombre que me respete por encima de todo y no se ría de mí cuando ya no esté delante. 

Pero si esto que es privado se cuenta a quien no debe ya no es privado, y donde están tres no es una pareja, es multitud.

A mi edad aún tengo metas por alcanzar, sueños por cumplir, me educaron en una familia con valores y sentimientos. 

Por eso y por mucho más a mi edad prefiero saber por dónde piso, prefiero un compromiso a una aventura, en todo tipo de relaciones que tenga y desde luego que no voy a perder el tiempo en tonterías, aunque el compromiso sea conmigo misma. 

A esta edad por fin puedo decir que me conozco, que sé lo que quiero, que sé de dónde vengo, y adónde voy y, sobre todo, sobre todo a dónde nunca volveré y por dónde nunca volveré a pasar

También sé que soy la única persona que conoce mi historia al completo, y es por eso que soy la única persona que puede juzgarme mis pasos, mis zapatos y mis pies. 

Y es por eso que no me importan los juicios baladíes de cualquiera que no ha estado presente durante cualquiera de los episodios de mi vida y dedique su pobre tiempo a juzgarme, porque por otro lado le puedo decir que se ate los machos, que si a mí me pone verde la persona que tiene delante, tiene que saber que quien le diserta le puso de mil colores cuando estaba frente a mí, por lo tanto su actitud no es más que la de un estúpido inocente que se traga todo lo que le dicen en aras de lograr lo que quiera que se haya propuesto como meta con quien le habla, ¡hay que ser necio y crédulo!

Y para rematar que yo soy la única capacitada para criticarme o aplaudirme, por qué nadie estuvo en todos los momentos de mi vida para juzgar por completo, porque para juzgar hay que saber, la única que sabe todo aquí soy yo

Si ya lo decía el refrán, dios los cría para que ellos se junten.

Pero sobre todo hay que aclarar algo a quien juzga, cuando pones un dedito acusador sobre alguien, y más si lo haces sin conocer a alguien tienes que recordar una cosa, tres dedos apuntan hacia ti.

Lo que más me gusta es que después de que ciertas personas hayan salido de mi vida, ergo sus acólitos también, yo me siento bien, cada día mejor.

MICHAEL BUBLÉ – Feeling good