No recuerdo bien en qué momento dejaste de responder a mis “te quiero”, pero sí sé lo mucho que me herían tus silencios, y lo que me machacaban tus desprecios y tu forma de ningunearme

Nunca tuve valor para hablarte de tus sueños porque me daban miedo, los sueños son para mí aquellos objetivos que nos marcamos y que luchamos por conseguir y tú cuando te dormías solías tener pesadillas y hablar en ellas. 

Algunas veces logré entender entre las palabras que balbuceabas, cuán niño temeroso, es que temías algo más que a tu propia existencia, algo de tu pasado que te atormentaba, algo o alguien que debió hacerte algo terrible, algo que te hizo sentir indefenso. 

Indefenso hasta tal punto que te hacías pasar por una persona normal, pero eras una persona rota, tanto que eras  a veces irreal. 

Debía haber notado tus síntomas, tus secuelas, tus cambios de humor, lo raro que era todo, todo lo que supuso aquella vida pasada, pero sólo lo entreví por tus comentarios sin hacerme una idea de las dimensiones reales que tenía tu problema

No creo que me entendieras.

No creo que vayas a poder superar el pasado

Ni siquiera creo que quieras hacerlo, a tenor de tus respuestas cuando he demostrado que quería ayudarte a hacerlo. 

Creo que en cierto modo te gusta revolcarte con él y regresar a cada poco a algunos de aquellos momentos en los que  te creíste feliz con personas de las que después no parabas de hablar mal, yo no hablo de quien me ha roto la vida, simplemente he ido donde tenía que ir para solucionar mis problemas y he gestionado cada uno de ellos como debía hacerlo.

Te pondré un ejemplo, imagina que tienes un pequeño golpe en el coche, nada grave físicamente, pero una parte del coche resulta dañada, bien, pues no vas a tu amigo a que te mire el coche, si es farmacéutico o a uno que sea leñador, y él lo mira y te dice que eso con solo observar a ver cómo evoluciona es suficiente, que con su aguda mirada y gracias a su incalculable amistad es suficiente, que pases a ordenarle el almacén, y  sino en cuatro meses que le des al coche una pomada y que ya estará.

Las cosas no son así, eso está claro.

Para el problema del coche inevitablemente tendrás que ir a un mecánico.

A cada problema hay que darle su solución, y cada solución pasa por su especialista.

Parece una paradoja, pero no lo es, sigues siendo aquel idiota que se enganchó a una persona tóxica que le destrozó la vida en lo económico y en lo demás, pero al paso del tiempo está desencantado con su propio comportamiento pero no lo rechaza, y aún así todo echa de menos aquella sensación de estar enganchado que no enamorado, porque no sabe lo que es el amor, solo sabes utilizar a las personas. 

Sigues siendo para unas cosas de una forma de pensar pero para otras actúas de forma opuesta.

Y digo que no estabas entonces enamorado porque cuando dormías y tenías aquellas pesadillas y lo tenías todo y teniendo la vida bien fácil, era únicamente cuestión de mantenerlo, más bien sostenerlo, pero ni de eso fuiste capaz, ni de responder a los sentimientos que deberías albergar por quién te lo dio todo cuando peor estabas

Una sonrisa debería contagiar otra sonrisa, pero no fue así en tu caso y si ibas a contagiarme ciertas cosas tengo que decirte que no me lo podía permitir, no podía quedarme a tu lado porque ya lloré demasiado por mis propias guerras. 

La negatividad es contagiosa. 

Y yo opto a lo positivo, opto a hacer posibles las cosas, la risa, quiero ir a ver los amaneceres allá donde se puedan fotografiar mejor que estar durmiendo, opto a mirar hacia delante, que no camino hacia atrás, y es que p’atrás ni pa coger impulso

Opto a oír un “TE QUIERO” de vuelta cuando yo lo digo antes de dormir y al despertar, al llegar y al marchar del hogar, antes de colgar el teléfono y cómo despedida en una nota que dejo en la nevera. 

Opto a un mil por cien por que creo que es lo que me merezco

Si tú no…

En tu derecho estás. 

En tu camino puedes avanzar, pero no me estorbes en el mío.

Opto a tener a mi lado una persona que me quiera todos los días de mi vida y no cuando cree que me pierde.

Opto a un hombre que no juegue a las mentiras ni a las omisiones, pero sobre todo opto a quedarme sola si la opción es estar contigo que juegas a las dobles vidas con señoras de pago con las que luego me comparas diciéndome que pierdo la partida, y es que yo me salgo de vuestro juego insulso porque ni sé ni quiero saber qué soñabas, pero con lo que he sabido de ti en este tiempo ya me ha resultado suficiente para saber que no quiero más de ti, ni de ella. 

DEPECHE MODE – Enjoy the silence