Rosa no era famosa era una mujer humilde, una  trabajadora más y la madre de un niño de siete años cuya vida se truncó a manos de un… aunque la educación nos dice que evitemos ponerle calificativo porque no hay palabras para describir a ese hombre que ha dejado de serlo cuando ha acabado con una mujer que le ha dado la vida a su hijo, pero el dolor nos invita a decir que era un tal y un cual, y ningún insulto nos resarcirá de la rabia, ni de la pena, tampoco  nos devolverá a una mujer increíble, Rosa, y sobre todo no se la devolverá a su hijo, a sus padres, y a todos sus familiares que hoy están rotos del dolor y no entienden este sinsentido de la violencia por la violencia y el control por el control.

Ahora Rosa ha pasado a ocupar un número más  en una terrible estadística de mujeres asesinadas por otra cantidad de hombres que no lo son y que se empeñan en pensar que las mujeres son pertenencias suyas, que son cosas y no personas que no tienen derecho a una vida digna según su retorcida forma de ver la vida, y que únicamente tienen derecho a lo que ellos les dan, lo que les permiten más bien.

Esos “hombres” piensan que ellas viven, pero no tienen derecho a su libertad.

Y lo peor de todo esto es que esta situación no cambiará mientras todos no la cambiemos la forma en que la mujer es vista en la sociedad, desde la cuna al tribunal, que “hay quien es más papista que el papa” dice el dicho popular y mujeres que son más machistas que algunos hombres y eso lo tenemos que cambiar enseñando a las mujeres qué es la igualdad, pero no desde el concepto de machacar al compañero que tienen al lado con el que pueden construir un proyecto común de felicidad.

En el caso de Rosa desfilan todos los políticos de turno, se lamentan y condenan tan repugnante acto salvaje cometido por un hombre que debería estar en la cárcel desde el momento que se le han puesto las esposas, y el juez no debería esperar a juicios, ni a pruebas que en realidad supongan un subterfugio, pero todos sabemos lo que al final va a pasar, que van a olvidarse de todo lo que ha pasado hasta la próxima vez que otra mujer pase a engrosar las listas, las estadísticas, y todo esto vuelva a salir en las noticias bien sea a las tres o a las nueve, qué lástima les volverá a dar.

Pero no harán nada en realidad, qué  bonita es su comodidad.

Rosa yo no te olvidaré ni a ti ni a los miles de víctimas de la violencia machista, y es que no solamente son mujeres, son niños, amigos, familiares, son padres y madres que no podrán dejar de recordar fechas de los nacimientos de sus hijas y las de sus muertes, y que se enfrentarán al escrutinio de la administración para ver si son aptos cuidando a niños que lo han perdido todo por culpa de quien no sabía ser lo que debían ser en primer lugar, hombre, padre, apoyo, respaldo, y aunque ya no hubiera amor podrían haber seguido siendo padres para esos niños.

La violencia machista y que no sé si es de género, y hay que pedir que se tomen las medidas necesarias para cambiar las leyes, hay que hacer que la sociedad cambie, hay que hacer lo que sea para concienciarnos a todos para que esto no vuelva a suceder.

Estos son los verdaderos problemas que la población en este caso las mujeres padecen día a día y que los políticos y todos en esta sociedad  deberíamos arropar, porque los niños, los menores son nuestro mayor recurso como pueblo.

Mientras cada hombre no entienda que cada mujer es sagrada porque proviene de una, esta lacra no tendrá solución.

THE FRAY – How to save a life