Aquella chica que creía a veces que su vida era una película a veces una comedia, a veces romántica a veces simplemente no tanto.

Otras veces le parecía un drama insuperable y casi siempre era una escena tras otra de carácter trágico.

Y en todas las situaciones que vivía les iba poniendo una canción mentalmente.

La mayoría de las veces no entendía los diálogos, le parecía que los escenarios cambiaban demasiado deprisa para ella, era como si escuchase las frases, pero como si no fuera capaz de entender el contenido de las palabras, sus oscuros significados y dobles intenciones.

Esa chica sólo quería ser feliz sin tanto doblez, sin esas cosas que la gente hacía de decir una cosa, pero querer decir otra.

Era demasiado directa, demasiado frontal, demasiado inocente, decía las cosas como las dice un niño de siete años, sin maldad abiertamente y tal como las ve, aunque ella tuviera una inteligencia mucho más avanzada que los demás de su edad y aunque ya no fuera una niña de siete años.

Y aunque esta inocente forma de ser ya le había traído más de un problema había decidido que ser franca iba a ser su marca de la casa, que prefería ser sincera como una niña a ser retorcida y mentirosa como veía que eran ciertas personas que decían haber crecido, prefería ser honesta a trapichear con los sentimientos de los que decían quererla.

Aquella chica le ponía canción a cada situación que le pasaba y casi llevaba el ritmo en los talones pensando en algunas personas con las que ya no hacía más que hablar antes de irse a dormir porque ya no podía darles las buenas noches.

MCLAN – Oigo música

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©VictoriadelaFuente2018

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Fuente de la imagen Pixabay