No me podías pedir lo que no dabas.

Cuando me cansé de aguantar tus chorradas, tus cosas, tus manías, después, cuando me cansé de contemplarte, de consentirte, luego de que me cansé de aguantarte porque sí y porque no había otro nombre para llamar a lo que estuve haciendo este tiempo te recordaré que todo este tiempo estuviste a prueba.

Que no me diste ni una milésima parte de lo que has recibido, y no hablo de nada material, hablo de cosas etéreas, de besos, abrazos, de momentos, de miradas, de caricias, de ratos compartidos mientras se toman dos personas un par de cafés, de un paseo tras la cena, y de unas risas al despertar, de cosquillas antes de comerse a besos.

Las relaciones se basan en dar y recibir.

Da igual en qué tipo de relación se pueda pensar.

Por eso me fui…

Cuando nos conocimos te dije que las mujeres y los hombres que se comprometen con sus relaciones lo hacen bajo algunas premisas, algunos compromisos que ambas partes suscriben de mutuo acuerdo, sin embargo, desde aquel momento tú no has hecho otra cosa que darme una cara y decir lo que creías que yo quería escuchar para saltártelo después, dejándome ver un tiempo más tarde tu verdadera cara.

Nunca nadie te enseñó lo que suponía la palabra COMPROMISO, tú únicamente querías los ratitos buenos que yo te aportaba, sobre todo los que había bajo las sábanas.

Pero no eras capaz de entender que esos ratos venían dados tras otros más importantes, ratos que son más íntimos que los que la gente llama momentos íntimos en los que se encuentran a solas y sin ropa; momentos de complicidad como acompasar las caderas al bailar, entenderse con una mirada cuando alguien dice algo inapropiado y no hace falta decir nada en voz alta porque con la mirada es suficiente, un apretón de las manos al caminar juntos que indica “yo estoy aquí para ti”, o una toalla que te espera tras la cortina de la ducha inesperadamente y te reconforta tanto como un abrazo justo un abrazo antes de que suene el despertador.

Un rato íntimo no es quitarse la ropa para practicar sexo.

Un rato íntimo es algo más elevado que un poco de sexo.

Cualquiera puede desnudarme y follar, cualquier tía puede quitarte la ropa mecánicamente o mirar cómo te la quitas y dejar que la folles mientras gime como en una de esas aburridas películas de gimnasia camática.

Pero no cualquiera te desnuda el alma, ni ante cualquiera desnudas tu alma.

Por eso no me podías pedir lo que no dabas, porque yo desde el primer momento desnudé mi alma ante ti, mientras que tú únicamente optabas a desnudarme para meterte en mis bragas.

Mientras jugaste con más chicas para entretenerte todo iba bien, pero cuando el juego pasó de ser entre aficionadas a parecer mujeres algunas se desmarcaron porque ninguna quería estar involucrada realmente contigo, te tenían de pasatiempo, pero nada más.

Y ahí te viste, frente a mí y al compromiso, más perdido que un niño sin chupete, perdido en general, pero eras un niño a fin de cuentas un niño que no quería crecer y decidiste que no querías nadar en aquel lago llamado AMOR porque que preferías seguir rodeando charcos; mejor mojarse los pies que bucear, mejor un mundo de barro hasta los tobillos porque los pies no tienen ojos que descubrir un mundo buceando sumergiéndose hasta la coronilla mirándolo todo con la curiosidad de un niño atrevido.

¡Ah! No, perdona, la niña que era atrevida desde los seis años era yo, intrépida con la bici y deslenguada, tú eras el pusilánime que jamás presentó batalla a nadie en clase, ¿porqué ibas a presentárselos a tus sentimientos por mí?

No me podías pedir lo que no dabas.

Porque no lo tenías dentro, nunca tuviste alma, nunca supiste lo que era el amor, la sinceridad, la honestidad, intentar que algo germine estando vacío, la germinación espontanea se da en casos en los que la persona hay algo dentro, espiritualidad, bases fijadas desde la infancia, la adolescencia, y la juventud que te pasaste bajo las alas de quien sabes que no te convenía porque hay generaciones que han quedado descatalogadas por más que se aferren a sus ideas ya en desuso.

Ahora ya no vas a encontrar lo que buscas porque no das nada, no podías pedir nada, pedías y pedías sin ser capaz ni de darme ni mi libertad para que pudiera ser feliz sin que tú me anclases porque yo sí era y soy capaz de atenerme a compromisos, de amar, de ser honesta, o sincera, pero sobre todo lo que no soy es pusilánime.

Casi lo tuvimos todo, pero tú no te atreviste a bucear en la profundidad porque sólo querías rodar.

VITAMIN STRING QUARTET – Rolling in the deep

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©VictoriadelaFuente2018

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