Lo que yo digo o no digo o aquello que hago o dejo de hacer es eso que le pertenece por completo a mi ser, a mi alma.
Cada día callo más por no gritar.
De ese mismo modo también son mías las consecuencias según las cosas que digo o hago o no.
A veces un silencio no significa que otorgue ni tampoco que sea la dueña del desconocimiento.
De ahí ese sentido mío tan exagerado de la responsabilidad antes de actuar o de expresar según qué sentimientos, pero claro, ahí tengo que luchar contra la impulsividad de la irracionalidad de mi lengua, que se empeña en ir a una velocidad distinta que el resto del mundo.
Es como si yo fuera un vinilo de 33rpm, lo que era un álbum y ella (mi lengua) fuera un single a 45rpm que se desata cuando ve que se incumplen los artículos de los pactos que se hicieron en algún momento.
Me solivianta de mala manera la forma en que algunas personas se olvidan de las promesas y de la lealtad, porque no se trata de un problema de lealtad para con los demás, sino que es, sobre todo, lealtad para con uno mismo.
Pero callo mientras uso el Olvido de rampa.
Soy un animal que usa la memoria selectiva de rampa para la selección natural de la supervivencia.
Lo que me rompe los esquemas es la falta de compromiso para ser consecuente, coherente, valiente comprometido con uno mismo, y con el mundo que te rodea y si ya alguien te demuestra que está siendo poco coherente frente a sí mismo qué cabe esperar que haga para con los demás.
Por otro lado, también es un compromiso responder por los actos y palabras de otras personas.
La lealtad, el compromiso, la coherencia son valores que solo son propios de las almas más fuertes y nobles.
No cabe esperarlas de aquellas personas que no tienen valores ni principios, de aquellos entes cuya vacuidad hace que el eco sea su mejor activo mientras vagan por la vida de bajamar en bajamar curioseando a ver qué pueden garrapiñar como aves rapaces.
Quizás el problema es para esas personas que la vida les haya privado de determinados regalos haciéndoles en consecuencia seres vivos carentes de motivación para vivir cuyas vidas son un simple reflejo del aburrimiento que habita en sus almas.
Y yo sigo intentando graduar las revoluciones a las que piensa mi cerebro y a las que mi lengua habla o calla para llegar allí donde me he propuesto.
 

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©VictoriadelaFuente2019

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