Hoy yendo a la compra y a por medicamentos, a por productos de primera necesidad, me he encontrado con un conocido que no sabía yo que era un auténtico zoquete, después de saludarnos, con el preceptivo metro y medio de distancia, hemos comentado la situación brevemente y con el miedo metido en las entrañas por si venía una patrulla o si el otro era portador del virus, como era un conocido y la situación me resultaba un poco comprometida he sacado sin miramientos un paquete de pañuelos de papel y tal cual los ha visto me ha parecido verle un cohete en el culo, porque se ha deshecho en excusas alegando que tenía miles de cosas más que comprar y el coche lejísimos, a lo cual he respondido que yo también con una amplia sonrisa.

Asumo que  le debe haber gustado la conversación porque me ha pasado una fotografía por WhatsApp al rato de habernos encontrado.

En el parking al que ha ido a hacer sus siguientes compras había un coche con matrícula de Madrid, fotografía que me ha pasado, pero como yo no quería entrarle al trapo le he dicho que vaya bonito era el “Merche” (era un Mercedes) del que me hablaba y me ha saltado como una granada sin su seguro:

“Esos putos madrileños se podían ir de vuelta a su comunidad de mierda”.

Ante semejante barbaridad mi respuesta ha sido intentar que el individuo recalibrarse sus palabras, ya le había dicho que soy madrileña, aunque salí de Madrid hace más años de los que viviera allí y llevo aquí felizmente (en el Principado de Asturias) más tiempo del que pueda recordar, también le conté que soy “gata” y que asimismo  lo son mis hijos, de quienes es poco habitual que hable en redes sociales y menos aún que publique una fotografía.

Pues el energúmeno me ha soltado la perla de que los madrileños tenemos la fama que tenemos y no es por tontería, que a los madrileños se nos nota la chulería de lejos y que había que quitárnosla.

Yo por mi parte le decía que prepotentes habrá allí, aquí, acá y allá, pero que las formas son las que nos pierden a todos, que si el señor del Mercedes se había portado mal no tenía nada que ver con su matrícula, sino con su educación.

Cuánto más intentaba hacer que razonase más elevaba el tono de sus descalificaciones y con mi lugar de nacimiento.

Al final le he dicho que ningún madrileño piensa, tal como él alegaba, que el mundo fuera suyo y su respuesta ha sido que claro que dada mi procedencia era cuestión de opiniones.

He zanjado la sarta de improperios diciéndole que no iba a consentirle que me descalificara por algo que yo no podía cambiar, dado que yo no estaba siendo ni chula, ni prepotente y, además yo también cago sentada, exactamente igual que una “persona” que critica a los demás por su matrícula. Pero es que yo  nací donde nací y me declaro totalmente inocente, ¡señoría!

Lo cual no significa que disculpe el comportamiento de aquellos urbanitas que se han tomado la cuarentena a chufla y se han ido a sus segundas residencias como si de unas vacaciones se tratara.

Eso está claro que eso no debería haberse hecho.

Pero tenemos claro que Madrid está lleno de gente que no es de allí, sin ir más lejos, mi familia proviene de varias provincias. Así que yo calladita para unas cosas sí, pero para esta no, y menos con esas formas oiga.

¿Para cuándo vamos a entender que la situación es crítica y que no se trata de fronteras, sino de responsabilidad?

En este sentido el sentido común es el menos común de los sentidos, ya lo dijo no me acuerdo quién.

Y es que no se puede entrar al trapo con alguien que se comporta como un necio cuya única lectura es el diario deportivo y su mayor éxito es escribir algún verbo correctamente aunque no sea capaz de diferenciar el “haber” del “a ver” terminando por escribir siempre aver y, es que eso quizás no es responsabilidad suya sino de los sucesivos gobiernos que hemos tenido (y ahí sí tenemos un grado de responsabilidad) que han preferido hornadas de personas que fueran currantes manejables mejor que titulados que en su sabiduría les presentasen batalla ante las tropelías que estaban cometiendo contra nuestros derechos y los de nuestros padres y abuelos.

Aunque durante unos años los españoles de pro hemos estado enfermos de titulitis.

Pero no solamente tenemos derechos y libertades, también tenemos obligaciones y responsabilidades, y ahora tenemos una para con todos los que nos rodean, es no salir mas que para lo estrictamente necesario, no lo que tú entiendas como básico y necesario, sino lo que un Decreto estipula como tal.

Y es que para según quién era mejor mano de obra barata que se dejase los cuernos en dos y tres trabajos, a gente que pensase con juicio propio; a fin de cuentas, nada mejor que eso de “dónde va Vicente va la gente” y para eso ya tienen uno o dos o varios medios de comunicación que opacan las noticias.

Pues claro, clarísimo que sí guapi. Oli oli. Piensa en el bien común y no seas egoísta, iba a decir ¡Coño! porque el temita ya me tiene hasta arriba, si estar en casa tampoco es tan malo.

Nota: Se llama gato-a a los nacidos en Madrid con padres que también hayan nacido en Madrid, sino se es un añadido, por lo visto.