Al término de un invierno especialmente duro, según empezaron a subir las temperaturas y a alargarse las horas de luz de los días en la primavera, muchos animales en la Tierra se despertaron, entre ellos las ranas a las que les llegó el momento de la migración anual para que los machos cortejasen a las hembras de su especie.

Así fue como un grupo de ranas viajaba por la linde de un bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un profundo surco que había cavado un agricultor; fue algo que había hecho el hombre  intentando separar sus tierras del bosque porque en ellas entraban los jabalíes para comerse sus cosechas.

Todas las ranas que peregrinaban se reunieron alrededor del surco a mirar, asomando sus cráneos triangulares con los que les costaba mucho mirar hacia abajo y hacerse una idea de lo que realmente estaba pasando.

Cuando por fin vieron lo  hondo que era el surco, las ranas les dijeron a las otras dos, que retomaban el camino pues  a la vista de los acontecimientos a ellas allí abajo se las podía  dar por muertas.

Pero las del surco como tenían muchas ganas de disfrutar de la vida, de saltar por montes y bosques no hicieron caso a los comentarios desanimándoles de sus amigas de arriba y siguieron tratando de saltar fuera del surco con todas sus fuerzas.

Desde arriba las otras seguían insistiendo a voces que sus esfuerzos iban a ser  inútiles porque el surco era demasiado profundo.

Finalmente, una de las dos ranas haciendo caso a lo que las otras decían se rindió y se desplomó cayendo muerta exhausta.

Sin embargo, la otra rana continuó saltando tan fuerte y tan alto como le era posible; no se desanimó al ver a su compañera desfallecer a su lado, era verdad que era un golpe muy duro, pero la alternativa era caerse muerta ella también o seguir adelante, así que eligió seguir adelante con todas sus fuerzas.

La multitud de ranas que había arriba le gritaban y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía sentido seguir luchando.

Entonces  la rana saltó una vez más con tal  ímpetu  que finalmente logró salir del maldito surco.

Así fue que cuando salió las otras ranas le dijeron: «nos reconforta que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos que cesaras en tus intentos por salir».

La rana, atónita, les respondió que era casi sorda de nacimiento, que leía los labios y por eso había conseguido que nadie se diera cuenta, no los había oído, pero al verlos gritar aunque no les oyó, tampoco podía leerles los labios mientras saltaba y  pensó que las demás la estaban jaleando y animándole  a esforzarse más y salir del problema que le suponía el surco.

A mí esto me deja unas Moralejas y quiero compartir lo que extraigo contigo en estos duros momentos

Muchas veces las palabras tienen mucho poder, tanto como para suponer en casos extremos la diferencia entre la vida o la muerte. Una palabra de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudar a que se levante ante un momento duro en su día a día.

Hemos de tener en cuenta que unas  palabras destructivas dichas a alguien que se encuentre desanimado puede ser lo que lo acabe por destruir.

Tengamos cuidado con lo que decimos.

Pero también unas palabras positivas a una persona que está atravesando un mal momento pueden resultarle reconfortantes y suponerle un empujón gratificante para salir de esa situación.

Una persona equilibrada es la que se utiliza sus recursos y su tiempo para animar a los que tiene alrededor y a los que quiere, para ayudar cuando los ve en momentos críticos, o si ve que arriesgan sus vidas en “surcos” que les podrían suponer la muerte como a la primera rana.

Una persona que no tenga un equilibrio interior o emocional derivados de ciertas experiencias nunca intentará animar a los demás y mucho menos ayudarles, salvo a conseguir aquello que vaya en su propio interés.

¿Qué te parecería  si desde hoy haces oídos sordos a las cosas negativas que te digan?

Comencemos a animarnos mutuamente  y a hacer algo los unos por los otros para que este tiempo que nos toca vivir, sea mucho mejor para todos.

Súmate a las personas que pensamos que es mejor saltar a morir, hacernos los sordos ante la necedad y comparte esta FÁBULA DE LA RANA SORDA… a quienes quieres que no se rindan y  a todos los que quieres.